Es evidente que influenciar dónde adquirir el recambio no hace mucho tiempo que ha saltado al escenario de las reparaciones por parte de compañías y mutuas, pero intentar y derivar vehículos es una práctica habitual en no pocas entidades. Algunas de formas más agresivas, pero cada vez una práctica más extendida y común.

Sorprende, por otra parte, que todo el mundo se queja de estas prácticas, pero según encuestas el 48 % (casi la mitad) de los talleres de carrocería tiene conciertos con una o más aseguradoras, lo que evidencia o hace pensar que la queja es más porque “yo no estoy” que por el concepto de prácticas contra la libre competencia.

Ese número tan elevado de talleres con conciertos también trasluce una realidad: que los mismos son simplemente acuerdos de descuentos y servicios, carentes de compromisos y en gran medida verbales. Todo ello sin que el taller vea habitualmente reflejado en su volumen de negocio y entrada de coches los citados acuerdos, cediendo parte de su margen de facturación (descuentos o precios inferiores) a cambio de promesas que luego no contabiliza y que, además, le impiden manifestarse abiertamente en contra de las tácticas indicadas.

Sabemos que no está el patio para aventuras, pero también es cierto que si los talleres quieren subsistir en un mercado que cada vez estrechará más sus márgenes, deben empezar a tener muy claras sus posiciones y olvidarse de ambigüedades del tipo “me quejo” pero estoy “concertado”. Ese tipo de indefiniciones hacen bueno el refrán de que a río revuelto ganancias de aseguradores.