Mientras los especuladores siguen ganando dinero y cada vez más, las grandes empresas - pese a sus multimillonarias deudas - no sufren embargos y encima renegocian las mismas en condiciones más ventajosas, sus dirigentes salen en revistas, en entrevistas, son vistos (o lo eran) como gestores influyentes y hasta buenos. Los directivos que han estado al frente de gestiones desastrosas son indemnizados de forma suntuosa, al órgano regulador se le escapan pequeños detalles en los balances de hasta 100 veces la cantidad,… Pero no pasa nada, porque debemos dar no sé qué mensaje al mercado.

En fin, y como casi siempre, “levantando la alfombra y colocando bajo ella” todo lo que se puede, hasta que a alguien se le ocurra caminar sobre ella y, como hay tantas cosas debajo, tropiece y se caiga.

Creo que ya es momento que nuestra clase política tome el “toro por los cuernos” y empiece a poner los puntos sobre las íes. A las grandes corporaciones que han estado presumiendo de dividendos, beneficios e inversiones, les apliquen la misma vara de medir que la de un honrado y pequeño empresario que no ha podido pagar la seguridad social o el IVA en alguna ocasión, que le bloquean automáticamente su facturación para que ellos sean los primeros en cobrar, lo que también puede considerarse en alguna forma una “intervención”. Si no se hace también con los grandes, nos queda aquello de “piensa mal y acertarás”.

De todas formas, lo que nos vuelve a pasar es, como siempre, nuestro pobre espíritu de unión, pues llega el momento de votar y volvemos a confiar en las personas que no tienen “problemas” para intervenir al “pequeñito” y les faltan agallas cuando las cifras pasan de unos cuantos ceros.

En resumen, la crisis es para el ciudadano de “a coche”.