El empleo del aluminio en la fabricación de la carrocería del vehículo se ha incrementado en los últimos años y se prevé que siga aumentando, gracias a factores como su ligereza, punto muy valorado de cara a cumplir con los objetivos de emisiones de CO2 marcados por la Unión Europea. En el estudio de European Aluminium se estima que la cantidad de aluminio utilizado en nuevos vehículos subirá hasta los 180 kilos en 2020.

GT Motive analiza en un artículo el uso del aluminio en el vehículo a través, en primer lugar, de sus propiedades, como su conductividad térmica y eléctrica altas (en torno a cuatro veces mayor que la conductividad del acero), resistencia a la corrosión, resistencia mecánica y eléctrica bajas (cinco veces inferior a la del acero), baja dureza, índice de elasticidad bajo y coeficiente de dilatación lineal alto.

En cuanto a las ventajas, destacan el menor consumo, resistencia específica mayor que la del acero, se trata de un material reciclable, aporta un mejor rendimiento del vehículo y mayor seguridad. El aluminio también presenta buenas cualidades de reflexión, tanto de la luz, como del calor.

Sin embargo, los inconvenientes de las carrocerías de aluminio son su coste elevado (el precio de una tonelada de aluminio puede triplicar al de una tonelada de acero, al ser más difícil de obtener), una reparación más compleja y costosa, así como su dificultad en el proceso de soldadura.