Si esto somos capaces de hacerlo en una determinada época del año, no se entiende muy bien por qué en muchos talleres no se presentan planteamientos serios de productividad. De esta forma, es lógico que de cara a la atención al cliente se adopten horarios de servicio extensos y cubran las horas de lógica demanda de entrada y recogida de vehículos, que no tienen que coincidir con el trabajo a realizar por mecánicos, chapistas y pintores, alejados del trato con el usuario. Se somete a todo el personal a un horario de “café para todos”, que puede entenderse en talleres pequeños (donde la multitarea es algo cotidiano), pero no en talleres de tamaño que permiten la especialización.

Este último tipo de taller es el que debería plantearse, al menos, la posibilidad de adecuar los horarios de la plantilla en función de su tarea. No es necesario que el chapista termine a la misma hora que el recepcionista o la cajera, pues probablemente esté consumiendo recursos energéticos de forma poco útil, amén de los tiempos “muertos” entre las distintas salidas y entradas del día y el “bajón” después de comer.

Creo que, al margen de estudiar los componentes de productividad para su mejora, deberíamos analizar profundamente si los horarios que tenemos establecidos en nuestro taller son los más idóneos, no sólo ya como atención al cliente, sino también dentro del ámbito interno como mayor rentabilidad en cuanto al rendimiento de los operarios y gastos de consumo energéticos.

Si somos capaces de cambiar el horario porque es verano, también debemos plantearnos otros horarios durante el año, para ser más rentables.