El aparejo es la pintura de fondo que deja sellada una superficie (masilla, chapa desnuda, piezas nuevas con cataforesis, esmaltes, lacas, etc.) que previamente ha sido preparada. Con ello, se aporta protección anticorrosiva, se iguala la superficie, se cubren pequeños defectos e irregularidades, y se obtiene una buena base para las pinturas de acabado que se aplican posteriormente.

El aparejo no debe ser usado de forma habitual como una pintura de relleno, ya que a pesar de que existen variantes que aportan un gran poder de relleno (hasta 350 micras en algunos casos), son las masillas las que deben cumplir esta función y las que se han de lijar de forma adecuada para conseguir integrar el parche en el resto de la pieza. A pesar de ello, es inevitable y necesario que el aparejo cubra ciertos defectos, marcas de lijado o anomalías con solvencia.

Los aparejos empleados en el área de carrocería se pueden clasificar según su contenido en sólidos, el lijado requerido, forma de secar y función. Según explica Loctite en el Blog Ruta 401, es conveniente prestar atención a las peculiaridades concretas de cada aparejo para poder valorar cual es el que más se ajusta a los trabajos realizados en el taller. De esta forma, se puede limitar la acumulación de productos almacenados, así como aumentar la calidad de las reparaciones.

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