Las lunas y vidrios de un vehículo forman parte importante de los materiales empleados en los automóviles. La luna delantera es un vidrio laminado que se fija al marco del parabrisas mediante un adhesivo estructural. Su función principal es permitir la visión frontal del conductor, pero también es la encargada de cumplir cometidos importantes, según recoge el último artículo técnico del Blog Ruta 401 de Loctite.

Las lunas contribuyen a la absorción de energía ante una colisión frontal a través del adhesivo estructural que la mantiene fijada, además de evitar que el conductor o el ocupante salgan despedidos por el alojamiento de la luna delantera, gracias a la lámina de polivinil butiral que intercala, cuando se produce un accidente de envergadura y no se lleva el cinturón de seguridad puesto.

También reflejan determinada información relativa a la conducción (velocímetro, etc.), pero también tienen otros cometidos como integrar el circuito impreso de la antena, el circuito térmico de calefactado, alojar el sensor de lluvia, etc.

Por todo esto, la sustitución de una luna delantera pegada es una tarea importante en el taller que se debe regir por la aplicación de un proceso de ejecución sistemático y escrupuloso.

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