El Ayuntamiento de Madrid aprobó el 5 de octubre la nueva ordenanza de movilidad que reduce a 30 km/h la velocidad de las calles donde hasta ahora se circulaba a 50 km/h. La Asociación Madrileña de Distribuidores de Automóviles, gran defensora de la importancia de la seguridad vial, cree que esta medida no es definitiva para solucionar el problema del tráfico de la ciudad, ni de la contaminación atmosférica, ni de la seguridad vial.

Según AMDA, se justifica la reducción de velocidad para mejorar la seguridad de los peatones, pero los datos indican que las principales causas de atropello en ciudad provienen de la imprudencia de los peatones, por la mala iluminación de las vías y por las distracciones de conductores de vehículos y de los peatones (según estudios elaborados por la DGT).

En Madrid se produjeron cuatro atropellos al día en 2018 y aumentan rápidamente debido a causas que están vagamente investigadas. Entre ellas AMDA apunta que el peatón es cada vez más tecnológico y que presta más atención a su dispositivo móvil que a lo que le rodea mientras camina. Además, los más jóvenes se mueven por la ciudad, en su gran mayoría, con los oídos tapados, escuchando música con auriculares, algo que está prohibido para el conductor de un automóvil. Otros motivos son, según estudios de la DGT, el envejecimiento de la población y cruzar por lugares prohibidos, atravesando calles con el semáforo en rojo y no utilizando los pasos de peatones.

AMDA también apunta que “el uso de coches eléctricos, incentivados por sus bajas emisiones, por el centro de la ciudad podría incrementar el número de atropellos de peatones, ya que estos vehículos son muy silenciosos y no tienen ruido de motor, por lo que sería necesario que incorporasen algún sonido acústico que hiciera más audible su presencia para el peatón, como ya ocurre en algunas ciudades europeas como París o Florencia”.

Por otro lado, la asociación ha comprobado que una velocidad inferior o igual a 30 km/hora no es una velocidad adecuada para conducir en la ciudad de Madrid. “De hecho, cualquiera puede comprobar que fácilmente podemos superar esa velocidad al desplazarnos por un parking grande y amplio como el de un aeropuerto o el de un gran centro comercial. En cualquier campa de un concesionario se alcanza esa velocidad para ir de un punto a otro”, afirma Moisés González, presidente de AMDA. Circular tan despacio, por debajo de 30 km/hora, puede ser causa de que el tráfico empeore en Madrid, produciéndose un mayor número de retenciones y atascos.

“Nos gustaría recomendar al consistorio de una capital europea tan importante que, antes de implantar este tipo de iniciativas, las experimentara, las midiera y las valorara con estudios de calado en ciudades más pequeñas donde el impacto de una mala política vial fuera menor. Seguro que habría poblaciones que estarían encantadas de, a cambio de una compensación, ser la sede de estudios de movilidad vial de este tipo. Una vez comprobado su éxito y sus ventajas, se podrían implementar en la capital”, aconseja Moisés González.

“El Ayuntamiento de Madrid está dando por hecho que los conductores van a saber circular a menos de 30 km/hora sin revolucionar en exceso sus motores. Todo lo contrario, circular en primera o en segunda implica un motor más revolucionado, lo que conlleva una mayor emisión de gases nocivos”, apunta el presidente de AMDA.

Un motor de combustión contamina en función de lo revolucionado que vaya el motor y, en muchas ocasiones, el conductor procurará que el coche no se “cale” aumentando el régimen de giro de éste, generando un mayor consumo de combustible y, por tanto, de emisiones contaminantes. Que Madrid sea una ciudad con pendientes muy pronunciadas es también, según la entidad, un “hándicap” para que los conductores puedan mantener una velocidad por debajo de 30 km/hora sin subir las revoluciones de su vehículo.

Es el “demonizado” motor diésel el que puede mantener una baja velocidad con el motor a un menor régimen de revoluciones, lo contrario que el motor de gasolina, menos elástico en este sentido. Los expertos recomiendan cambiar entre las 2.000 y las 2.500 revoluciones por minuto en los coches de gasolina y entre 1.500 y 2.000 en los diésel, pero no sirve de nada, según AMDA, “si cambiamos de marcha en esos rangos y vamos tan despacio que el coche prácticamente se cala, realizando el motor un esfuerzo para no pararse que hace que los consumos y, por tanto, las emisiones se disparen.