Desde hace años, la introducción de materiales sintéticos en el vehículo se ha incrementado significativamente, sobre todo por la necesidad, por parte de los fabricantes, de aminorar el peso total del vehículo para poder reducir las motorizaciones empleadas y, en consecuencia, las emisiones contaminantes, informa Loctite en un artículo técnico.

A modo orientativo, el uso de plásticos alcanza un peso medio total por vehículo en torno a los 100-150 kg por automóvil. Si en lugar de plástico se utilizara metal, el incremento de peso del vehículo ascendería entre unos 300 y 350 kg más, lo que supondría un consumo de combustible mayor y, por tanto, un mayor número de emisiones contaminantes que no posibilitarían el cumplimiento impuesto por las restricciones derivadas de la evolución de las normas Euro de control de emisiones contaminantes.

Además de esta reducción significativa de peso que ofrecen los plásticos respecto a los metales, existen otras características que hacen que su uso sea atractivo:

  • Incrementan las posibilidades de diseño y de personalización del vehículo.
  • Reducen la producción de ruidos aumentando el confort en marcha.
  • Pueden ser aleados y reforzados para adaptarlos a su posición en el vehículo.
  • No se oxidan.
  • Se pueden reparar y pintar.
  • Tienen capacidad para absorber energía en caso de colisión.
  • Son reciclables.

Pero también presentan determinados inconvenientes, como la menor resistencia a los agentes atmosféricos respecto a algunos metales, su sensibilidad a determinados disolventes o la falta de adherencia que muestran ante determinadas pinturas de fondo y de acabado.

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