Las marcas de coches se han aliado con los ministros de Industria de la Unión Europea. Fabricantes y políticos, con la asesoría de patronales y expertos, han enviado una propuesta a Bruselas para que ponga orden en el sector. El automóvil vive uno de los peores años de su historia en Europa, con unas galopantes caídas de las matriculaciones y una pérdida de rentabilidad de las 241 fábricas de coches.

Sin embargo, los fabricantes y Gobiernos europeos no quieren quedarse de brazos cruzados. Algunos países como Francia o Italia están poniendo medidas locales, mientras que España espera su momento. Pero, por mucho que se propongan incentivos en los países o se trate de agilizar el mercado, el problema de fondo subyace en Bruselas.

La fabricación de coches soporta más de 100 normativas que van desde el medio ambiente y la seguridad hasta infinitas reglas técnicas. Además, existen disparidades fiscales por las emisiones contaminantes y un desorden de impuestos que volvería locos a los contables de Bruselas. Los fabricantes están convencidos de que una normativa común más suave y coherente, y una fiscalidad homogénea para todos los mercados abaratará los coches. Además, reducirá los costes de fabricar y distribuir vehículos en el Viejo Continente.