En un taller se deben respetar diversas normas de seguridad, entre ellas la señalización de peligros o el uso de equipos de protección individual homologados. Pero como toda precaución es poca, Loctite publica en un post del Blog Ruta 401 algunos consejos para evitar diez de los riesgos más comunes a los que los mecánicos se enfrentan en su día a día.

1. Caídas al mismo nivel. El desorden o la presencia de líquidos derramados en el suelo pueden provocar tropiezos y resbalones. Lo mejor para evitar este tipo de riesgos es una correcta señalización y mantener la zona de trabajo limpia y despejada.

2. Caídas a distinto nivel. Para evitar el riesgo de caer, por ejemplo en el foso, es muy importante delimitar correctamente la zona.

3. Golpes, cortes y otras lesiones. El profesional del taller maneja un amplio espectro de herramientas, muchas de las cuales pueden provocar lesiones o cortes con mucha facilidad. También existe el riesgo de aplastamiento, por ejemplo en los elevadores. Para evitar estos accidentes, el profesional debe asegurarse de conocer bien las características de las herramientas que usa, comprobar siempre que estén en buen estado y tomar todas las medidas de seguridad recomendadas por el fabricante.

4. Inhalación de productos químicos. En el taller se trabaja con combustibles, anticongelantes y un gran número de productos químicos que pueden suponer un riesgo para las vías respiratorias. En estos casos, el uso de mascarillas es imprescindible.

5. Inhalación de monóxido de carbono. Otro de los peligros principales para las vías respiratorias es la inhalación de gases producidos por los motores de combustión interna. Para evitarlo, es fundamental el uso de mascarillas y disponer de un sistema de ventilación adecuado.

6. Productos químicos en contacto con la piel. Muchos de los productos químicos utilizados en el taller pueden provocar problemas dermatológicos si entran en contacto con la piel, por lo que es imprescindible usar guantes para manejarlos.

7. Quemaduras. Algunas operaciones puntuales pueden suponer riesgo de quemadura, como es el caso de la soldadura. Para minimizar el peligro, es necesario emplear máscaras para proteger la cara y el cuello, guantes para las manos y botas de seguridad.

8. Daños en la vista. Las chispas de la soldadura no sólo pueden causar quemaduras o provocar incendios, también pueden llegar a ocasionar graves daños en la vista. De ahí, la necesidad de utilizar máscaras para proteger los ojos durante el proceso de soldadura.

9. Vapores de pintura. Como los trabajos de pintura se realizan en cabinas, la exposición a vapores perjudiciales para la vista, la piel o las vías respiratorios es directa. Por ello, es imprescindible contar con los equipos de protección individual adecuados, y con unos sistemas de ventilación y evacuación de gases eficaces.

10. Daños en el aparato auditivo. Por último, la presencia de ruidos en el taller es constante: motores en marcha, golpes en superficies de metal, ruidos provocados por compresores, herramientas neumáticas, etc. Para disminuir los riesgos de lesión en el aparato auditivo se pueden usar tapones u orejeras al realizar determinadas tareas.