En el último artículo del Blog Ruta 401 hablan del limpiador de frenos, un desengrasante que tiene una base de disolvente cuyas propiedades y usos son muy diversos. Es un producto cómodo de usar, que se evapora muy rápido para poder ganar tiempo en la reparación y limpieza. Hace, además, que no sea corrosivo y dañe algunos materiales, ya que al evaporarse tan rápido no da tiempo a que produzca esos resultados.

Entre sus usos principales se encuentran en los elementos de frenado, como las pastillas de freno o las zapatas, aunque también se utiliza en los embragues, eliminando posibles restos de aceite que hayan podido quedar tanto en el montaje como en las pequeñas pérdidas de un retén que puedan manchar la parte de fricción del embrague.

En cuanto a sus diferentes formatos, está disponible de venta a granel o pulverizable, si se usa con mayor frecuencia; en aerosol, para aplicar en zonas de difícil acceso; de evaporación rápida, para aquellas superficies que tienen un mayor riesgo de corrosión; y de evaporación lenta, si no hay que tener tantas precauciones.

Desde el blog recomiendan el producto Loctite SF 7235, que deja las piezas limpias sin necesidad de una limpieza 'a posteriori'. Se usa también para eliminar restos de adhesivos y selladores del motor, carburador, caja de cambios, etc. y es capaz de desengrasar piezas de freno, discos de embrague y otros elementos de este tipo. Además, incluye un tubo de extensión para aplicar en las zonas menos accesibles.

Para su uso, es importante tomar las precauciones que se tienen con cualquier producto inflamable y contaminante, procurando mantenerlo lejos de fuentes de calor y manipulándolo y reciclándolo con cuidado para evitar provocar daños en el medio ambiente; de hecho, el limpiador de frenos se rige por la normativa de contaminación y se cataloga según su contenido de VOCs. Además, el almacenamiento de envases vacíos se rige por la ley de envases contaminados y para retirarlos es necesario contratar una empresa autorizada.