Ford Motor acaba de anunciar que cancela una inversión prevista de 1.600 millones de dólares (1.533 millones de euros) en México para destinar, a cambio, 700 millones (670 millones de euros) a expandir la producción de coches eléctricos en Estados Unidos. Esta decisión se conoce después de que el presidente electo, Donald Trump, amenazara a su rival General Motors con imponerle araceles muy elevados por vender en el mercado estadounidense modelos que fabrica en México, podemos leer en el diario El País.

La inversión iba a ir destinada a construir un nuevo complejo en San Luis Potosí, que daría empleo a 2.800 personas en 2020. La idea era concentrar ahí la producción de los utilitarios de pequeño tamaño Ford Fiesta, Ford C-Max y Ford Focus. Pero Ford Motor dirigirá en su lugar la mitad de esa inversión a reforzar la planta de Flat Rock (Michigan), donde potenciará la producción de nuevos vehículos eléctricos y dotados con la tecnología de conducción autónoma.

La inversión de Ford Motor se anunció el pasado mes de abril, en plena campaña electoral de Estados Unidos en la que por entonces candidato republicano Trump llego a decir que era una “vergüenza” que una compañía clave para el tejido industrial estadounidense decidiera llevarse el empleo fuera del país, e incluso que la estrategia era “como robar caramelos a un niño”. Después de las elecciones, el consejero delegado de Ford, Mark Fields, continuaba con la intención de seguir adelante con el plan de expansión en México, que representa para la compañía el 6% de la producción global.

Apenas unas horas antes del anuncio de Ford Motor, Donald Trump publicaba un tuit en el que que escribía: “General Motors está enviando su modelo Chevy Cruze fabricado en México a los concesionarios de Estados Unidos libre de impuestos en la frontera. “¡Hágalo en EE.UU o pague un gran impuesto fronterizo!”, informa el periódico mexicano El Tiempo, citando fuentes de Reuters y AFP.

El candidato electo ha declarado que impondrá un “gran impuesto fronterizo” a General Motors por fabricar su modelo Chevy Cruze en México, una decisión que el fabricante ha defendido como parte de su estrategia global y no de ventas en Estados Unidos. Trump no daba más detalles a través de la red social, pero previamente había anunciado que castigaría a las empresas que movieran su producción desde Estados Unidos a otros países con un impuesto de un 35% a sus exportaciones al país.