Las caretas o máscaras de soldar son elementos de protección individual que se utilizan durante la tarea de soldadura para proteger la cara de las chispas, así como los ojos de los rayos infrarrojos o ultravioleta. Según recoge un artículo del Blog Ruta 401, las primeras caretas de soldar consistían en una simple pantalla que se sujetaba con una mano e incorporaba un visor de vidrio a la altura de los ojos. Con el tiempo las caretas fueron evolucionando y aparecieron las máscaras termoformadas, las cuales permitían al operario tener las dos manos libres y controlar mejor el arco de soldadura.

En la actualidad, muchas caretas se realizan con forma de casco, de forma que ofrecen una protección mucho más completa. Sin embargo, aunque son menos seguras, hay profesionales que, en determinadas circunstancias, prefieren las caretas “a una mano”, ya que son más cómodas de quitar y poner. Aquí es donde entran en juego las caretas de soldar electrónicas, que ofrecen una protección completa y evitan tener que quitarse la máscara al efectuar comprobaciones durante el proceso.

El visor de las caretas electrónicas incorpora una células fotosensibles que regulan la cantidad de luz que entra en él, dependiendo de las condiciones lumínicas del momento. La careta ofrece una visión normal hasta que las células fotosensibles del visor detectan los rayos ultravioleta o infrarrojos producto de la soldadura, momento en el cual se oscurece el visor para evitar dañar los ojos del operario. Cuando la operación se detiene, la pantalla vuelve a su luminosidad habitual.