Luis Montoro, presidente de Fesvial, ofreció una charla en la segunda jornada de la final nacional del Best of Belron, que se celebraba la semana pasada en Barcelona. La seguridad vial es uno de los pilares de Carglass España y Montero hizo un repaso histórico del parabrisas y cómo ha ido mejorando su seguridad, desde principios del Siglo XX hasta nuestros días.

“Los primeros vehículos a motor no tenían parabrisas, algo sorprendente, porque muchos carros de caballos anteriores sí disponían de ese elemento. Por este motivo, los primeros conductores usaban gafas protectoras, incómodas e inestables. En 1904 surgen los primeros cristales frontales de protección, que estaban partidos por la mitad porque eran plegables: cuando se ensuciaba la parte de arriba, se plegaba. Esos cristales eran de vidrio plano y cuando había un golpe por detrás, el riesgo de sufrir lesiones graves o muerte era muy elevado. Era un problema ya conocido, porque desde el Siglo XVI los coches de caballos ya tenían cristalería y hay mucha documentación de accidentes”.

“Para solucionar este problema, un cúmulo de casualidades y la genialidad de algunos investigadores provocaron la aparición del cristal laminado, que comenzó a usarse en las máscaras de gas de la I Guerra Mundial y fue en los años 30 cuando se introduce en el automóvil. Fue un invento vital, pues el cristal no se astillaba, evitaba que los pasajeros salieran despedidos del habitáculo en un accidente y daba más rigidez estructural al vehículo. Otro invento de esos años fueron los limpiaparabrisas, inventados por Mary Anderson en 1903, pero hasta 1964 no llegó el limpiarabrisas automático intermitente”.

“Otro aspecto destacable de la evolución de los parabrisas es las lesiones que provocan a los peatones en caso de atropello. Los primeros cristales eran planos, como una pared y eran muy lesivos; poco a poco fueron inclinándose, por motivos aerodinámicos que beneficiaron indirectamente a la seguridad. Chrysler, en 1924, introdujo el cristal curvado en un vehículo, que también salvó muchas vidas”.

Las zonas acristaladas son vitales para la seguridad vial. Soportan hasta un 30% de la estructura de un vehículo y son un elemento de apoyo en la eficacia del airbag, además de que muchos de los sensores de los sistemas de ayudas a la conducción van montados en un cristal. Y, por supuesto, el 90% de la información que recibimos al conducir nos viene de la vista y de lo vemos a través del parabrisas. “Además, el cristal laminado es vital en la investigación de un accidente, nos deja una firma de lo que ha pasado, como las huellas de frenada”, destacaba el presidente de Fesvial.

“Por último, ya hay 'head-up displays' que proyectan información sobre el parabrisas, algo que mejora la seguridad porque no nos obliga a retirar la visión de la carretera para ver el velocímetro, lo que a 120 km/h supone más de 100 metros recorridos sin visión”. Eso sí, advierte el experto, “no hay que cargar con demasiada información estos sistemas porque nuestra capacidad de percepción es limitada y sería contraproducente”.

Luis Montoro también se refirió al estudio realizado por Fesvial sobre la importancia del parabrisas en la seguridad vial, realizado para conocer el grado de conocimiento, y falsas creencias, que los conductores presentan respecto a las implicaciones para la seguridad vial y la funcionalidad del vehículo que tienen el parabrisas y resto de cristales. Los resultados de este estudio son concluyentes y reflejan que todavía queda mucho camino por recorrer para concienciar a la población del vital papel del parabrisas en la seguridad de su vehículo.

Tan sólo uno de cada tres conductores conoce las funciones estructurales del parabrisas y que, en caso de vuelco, este elemento impide que el techo se hunda. Además, cerca del 60% de los usuarios desconoce que el parabrisas afecta al funcionamiento del airbag y que aloja los sensores del sistema de seguridad activa ADAS, que informan al sistema de alerta de cambio de carril o de frenada de emergencia, por ejemplo.

En cuanto a las situaciones de conducción estudiadas, el 40% de los conductores españoles ha conducido con un parabrisas rallado y/o con un impacto. Y eso que el 80% sabe que un parabrisas reduce su resistencia tras recibir un impacto.

Los conductores también suspenden en visibilidad y limpieza, pues el 75% conduce o ha conducido con las escobillas en mal estado o con el parabrisas sucio, mientras que un 60% de los conductores no comprueba al subirse al coche que su parabrisas esté limpio y permita una buena visión. Respecto al mantenimiento, más de un 70% no realiza el cambio de escobillas con la frecuencia recomendada (una vez al año).