Los fabricantes están lanzando una segunda generación de coches eléctricos en los que la autonomía aumenta ligeramente gracias a la mayor densidad energética de las nuevas baterías o a una mayor eficiencia de los sistemas eléctricos. Según recoge Asepa en su último boletín informativo, este incremento ronda los 250 kilómetros, pero que, en recorridos mixtos, que incluyen tramos de autovía o carretera convencional, utilizando la climatización y transportando varios pasajeros, se quedan entre 150 y 180 kilómetros.

Para saber si esta autonomía es suficiente, es necesario estudiar los cuatro diferentes tipos de desplazamientos en un vehículo. En primer lugar, los recorridos urbanos habituales son el hábitat por excelencia de los coches eléctricos actuales que quedarán perfectamente cubiertos por esta segunda generación, al igual que en los recorridos improvisados, generalmente urbanos, que surgen de forma inesperada y se suman al recorrido habitual. En muchos casos provocan en el conductor la ansiedad del rango y muchas veces obligan a utilizar el coche de combustión.

Por su parte, los recorridos intermedios de fin de semana y de media distancia son muy complicados para los coches eléctricos actuales si no hay una infraestructura de recarga de respaldo en el lugar de destino. Con las nuevas autonomías, muchos de estos recorridos quedarán cubiertos, aunque si existiese esa infraestructura de recarga bien planificada el extra de autonomía no sería necesario, puesto que se podría recuperar capacidad durante el viaje.

Por último, en los viajes largos es evidente que las nuevas autonomías son insuficientes. Si la infraestructura de recarga rápida se extendiese por corredores, en intervalos de aproximadamente 80 kilómetros, facilitaría que vehículos con 160 kilómetros de autonomía real realizasen viajes más o menos largos, que requerirían alguna parada más que los de combustión.

El desarrollo de los corredores de recarga rápida es clave. Entre 200 y 250 kilómetros reales, recorridos por autovía, a velocidades de 100 km/h o más y sin apenas recuperación de energía, pueden ser suficientes para hacer cualquier tipo de viaje. Una autonomía inferior puede ser escasa si se trata de hacer viajes muy largos. El caso de Tesla, con autonomías reales de entre 300 y 400 kilómetros y la red de supercargadores, es el mejor ejemplo para sustituir los coches de combustión por eléctricos.