Aunque los frenos más habituales en la actualidad son los de disco, todavía muchos vehículos antiguos o coches pequeños van equipados con frenos de tambor en el eje trasero, que permite garantizar la eficacia y estabilidad del freno en el eje trasero, así como los cilindros de rueda que deben cumplir también las especificaciones originales. Según advierten desde la marca ATE, un fallo en uno de los cilindros de una rueda puede provocar incidentes tan graves como un fallo general del sistema de frenos o desestabilizar la frenada en el eje trasero, con la consiguiente pérdida del control del vehículo.

Por eso, el material de fricción de las zapatas de freno debe cumplir con el reglamento R90 de la legislación europea y ser respetuoso con el medio ambiente. Para cumplir con esta normativa, ATE propone piezas de calidad que garanticen la frenada y el buen control, además de la eficacia del freno de estacionamiento. Otro factor clave para tener una máxima seguridad es la durabilidad, por lo que desde la marca proponen una serie de consejos para asegurar su mantenimiento.

  • El tambor tiene una mayor durabilidad respecto al resto de elementos (zapata, cilindro y conjunto de muelles), por lo que es recomendable sustituirlos al mismo tiempo y optar por un kit trasero.
  • Vigilar regularmente que el tambor no esté oxidado, deformado ni presente grietas, surcos o rayados para que la frenada sea eficaz. En caso de que el tambor esté deteriorado, se deberá sustituir en ambas partes del eje que nos ocupa para evitar así funcionamientos irregulares.
  • Elegir siempre un kit trasero completo de calidad y confianza que garantice todos los componentes necesarios en la reparación, profesionalidad, rapidez y fiabilidad, garantizando también la satisfacción del cliente.
  • Acudir a un taller de confianza, como los Centros de Freno ATE, especialistas en freno.
  • Una vez sustituido el conjunto, y para obtener el correcto funcionamiento del sistema de frenado, se recomienda realizar un rodaje de asentamiento, evitando frenazos bruscos durante los primeros 200-500 km, ya que la falta de adaptación no permite una frenada eficaz y compensada.