El gas natural está protagonizando una revolución en el sector del transporte. Hay dos tipos de gas natural vehicular. El gas natural licuado (GNL) es un gas natural que ha sido procesado para ser transportado y almacenado en estado líquido a baja temperatura. El gas natural comprimido (GNC) es gas natural almacenado a altas presiones, entre 200 y 250 bares.

Javier Ruesga, ingeniero GNL de Enagás, nos recuerda que “el gas natural es el combustible más limpio de todos, con diferencia. Además, presenta unas propiedades físico-químicas y termodinámicas que lo hacen más seguro que otros gases combustibles. Por otro lado es competitivo, porque se oferta a buen precio; y ambientalmente muy interesante”.

Antonio Murugó. director de Estrategia del Grupo HAM, añade que “el GNL y el GNC son el mismo producto, pero en distinta fase térmica. El GNL es un producto criogénico que va a 160 grados bajo cero y la ventaja, respecto al funcionamiento en un camión, es que la autonomía que ofrece es mucho mayor. El GNC viene comprimido y tiene una desventaja de una menor autonomía, pero a cambio, es más fácil la instalación. Es una alternativa muy viable para vehículos que no necesitan de un largo recorrido, de autonomías cortas, por ejemplo, para trabajos dentro de ciudad o para repartos. Para vehículos que necesitan recorrer largas distancias la alternativa del GNL es la mejor solución”.

Javier Camón, responsable de producto de Gama Media y Ligera de Iveco, explica por qué el GNL ofrece más autonomía en un vehículo. “El GNL no deja de ser gas natural comprimido, que de una manera criogénica se hace más pequeño y se pueda almacenar en depósitos de gas natural licuado y proporcionarnos más autonomía”. José María Chamizo. director de Desarrollo negocio de Gas de Iveco, añade que “en el mismo volumen cabe muchísimo más GNL que GNC, y esto va a permitir tener mucha más autonomía, por lo que el GNL es ideal para el transporte de larga distancia”.