Hace ya algún tiempo, durante el clásico viaje de incentivos - en este caso a la costa del Pacífico ??" el responsable de una conocida empresa del sector, junto a un no menos conocido periodista tuvieron la feliz idea de alquilar una pequeña embarcación con el fin de visitar unos islotes deshabitados y practicar un poco de buceo en aquellas exóticas y limpias aguas.

Acompañados por sus respectivas esposas y de la mano del patrón y un marinero, llegaron a una solitaria e idílica playa en la que las señoras se quedaron bronceándose mientras los intrépidos aventureros se disponían a explorar los fondos coralinos. En esas estaban cuando el patrón comentó al descuido que el día anterior se había visto por aquella zona un gran banco de tiburones. Ninguno de los osados submarinistas se echó atrás, pero la inmersión quedó recortada a un chapuzón de apenas 10 minutos; eso sí, justificando que ya habían visto suficiente fauna marina. Ya habían cumplido. La compensación al susto, llegó en forma de ostras que un ermitaño de aquellos parajes les proporcionó, regadas con unas cervezas bien fresquitas que previsoriamente habían sido dispuestas para la excursión.