El éxito de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos ha abierto un más que inquieto tiempo de preguntas en todo el mundo y, por supuesto, en el mundo del automóvil. ¿Qué va a pasar en la industria del automóvil con Trump al frente de los USA?

Cuando loscomentaristas políticos han comenzado a analizar las causas del éxito de Trump desde el primer momento ha salido a la palestra el estado de Michigan, la cuna y sede de la industria del automóvil en Estados Unidos. Un estado que votó a Obama en sus dos presidencias y en el que ahora ha ganado Trump. Detroit, una ciudad sumida en la decadencia y el abandono fruto de los efectos que la crisis que comenzó en el 2007 y que afectó especialmente a la industria automovilística asentada en la ciudad, sirvió de escenario a una serie de mensajes de Trump en la línea del “Make America great again”.

El eslogan de la campaña electoral de Trump conlleva una política asociada al proteccionismo y contrario a la globalización. Muchos puestos de trabajo en la automoción se han perdido y la globalización, a la fabricación en países con una mano de obra más barata y la creciente importancia de las marcas europeas y asiáticas en el mercado USA han servido de caldo de cultivo al descontento de los trabajadores del sector que han visto en Trump una tabla de salvación por más que la receta de Trump sea una solución simple a un problema muy complicado que excede esa simpleza.

Donald Trump respondió al anuncio de Ford sobre la sobre la construcción de una planta de ensamblaje en San Luis Potosí, amenazando con la implantación de un arancel de hasta el 35% a los vehículos procedentes de México. Mientras, en una entrevista publicado por la revista Fortune, Charles Chesbrough economista senior y director ejecutivo para estrategia e investigación de la Asociación de Proveedores de Equipos Originales, afirmaba que este tipo de iniciativas “podrían añadir 5,000 dólares al precio de un auto pequeño hecho en México”.

Las “soluciones sencillas” no lo son tanto. La protección del empleo en USA a corto plazo podría funcionar, pero conllevaría subida de precios, bajada de ventas y, por tanto, a medio plazo se volvería en contra del empleo y la estabilidad económica de las propias empresas estadounidenses.

Mientras tanto todos los grandes de la industria del automóvil han invertido en su presencia en México: Audi, Honda, Infiniti, Mazda, Mercedes-Benz, Nissan, Renault, Toyota, Volkswagen, Toyota, BMW anunció una inversión de 2.200 millones de dólares en el país azteca. Y en todos los casos esas inversiones tienen puesto su foco fundamentalmente en el mercado estadounidense.

Tanto en Estados Unidos como en México hay más de 20 plantas de producción y centros de I D i de empresas españolas del sector. De muestra sirve un botón: en México Gestamp cuenta con ocho instalaciones productivas y Grupo Antolin con otras cuatro.

Sin olvidar que, como contábamos más arriba, las propias marcas norteamericanas tienen presencia industrial en México y tienen agendadas nuevas inversiones.

Estados Unidos es el segundo destino de las exportaciones españolas de equipos y componentes para automoción tras la propia Unión Europea. Según los datos que Sernauto ha facilitado a nuestra redacción, en 2015, casi un 4% de las exportaciones del sector de componentes para automoción fueron a Estados Unidos (en torno a 730 millones de euros), lo que supone un incremento de más del 24% con respecto a 2014. En el primer cuatrimestre de 2016, el sector exportó productos por valor de más de 417 millones de euros lo que representa un 17% más que en el mismo periodo de 2015.

“El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) ha sido clave para España, como dinamizador económico, por los intereses que el sector de componentes de automoción tiene en estos mercados” nos cuentan en y añaden que “Para Sernauto y las empresas que representa, es muy importante poder contar con mecanismos que favorezcan las relaciones comerciales entre ambos países”.

Esperamos y deseamos, nos dicen desde la patronal española de los fabricantes de componentes, que “en la nueva etapa que comenzará a raíz de las elecciones del pasado 8 de noviembre se garanticen las condiciones existentes, y se mejoren en la medida de lo posible, con el fin de consolidar y potenciar las fructíferas relaciones comerciales de los últimos años”.

La incertidumbre no se reduce al ámbito de las fronteras industriales, deslocalizaciones y globalización. Nada es sencillo. De paso Trump niega el cambio climático. Quiere desatar una un cambio absoluto de la política energética de los Estados Unidos facilitando la extracción de petróleo gas y carbón y retirándose de los compromisos internacionales sobre la emisión de gases (nuevo guiño a un electorado golpeado por la crisis, en este caso a la industria minera de Pensilvania y a los petroleros de Texas). En este contexto no tendría ningún sentido para la industria del automóvil en Estados Unidos invertir en motorizaciones eléctricas o tecnologías híbridas, así como en las investigaciones en pila de combustible

El pasado 4 de noviembre publicamos en Posventa.info que “finaliza una época en Estados Unidos protagonizada por los fuertes incrementos en las matriculaciones. Según una información de J.D. Power, recogida por Faconauto, las ventas de coches en el país cayeron un 5% en octubre, aunque diferentes analistas mantienen que el año cerrará con cifras todavía récord, de entre los 17,5 y los 17,7 millones de unidades”.

Un dato inquietante para los propios Estados Unidos y que debería obligar a Donald Trump a reflexionar mucho antes de tomar medidas poco meditadas. Las consecuencias de la política industrial que ha esbozado para el automóvil podrían ser desastrosas para todos, industria, economía internacional y para los propios Estados Unidos.