Uno de los negocios clandestinos que más han crecido de la mano de la crisis económica es el de los talleres mecánicos. En este sentido, la Guardia Civil ha detectado ya varios casos en Burgos a través de inspecciones de los residuos depositados sin control.

La actividad de estos talleres ilegales merma la de aquellos cuyo trabajo se desarrolla dentro de la Ley. Es una evidencia que pone de manifiesto Jesús Campo, presidente de la Asociación de Empresarios de Automoción de Burgos (Adeabur).

"Es muy difícil conocer cuánto es el dinero que se mueve por estas actividades", reconoce Campo, quien indica la necesidad de que los clientes que utilicen estos servicios colaboren para su desmantelamiento.

El directivo recalca que "el taller clandestino no se anuncia y su actividad la desarrolla a puerta cerrada". Por eso es muy difícil, incluso para la Guardia Civil, localizar estos centros de trabajo.

Además, el conocimiento de Campo sobre estas actividades coincide con la del Seprona: se trata de actividades dispersas e individuales, nada de trabajar en red por evidentes motivos de seguridad.  «

"Haría falta la cooperación de los clientes para desmantelarlos, porque si no ¿cómo puedes localizar y demostrar que se trata de una actividad ilegal", reitera el presidente de Adeabur. "Un hecho es claro, nos hacen daño", añade.

La actividad de estos talleres ilegales afecta sobre todo al subsector de aquellos que se ocupan de las reparaciones mecánicas. En aquellos de reparación de chapa o en los que disponen de este servicio además de la atención a los problemas mecánicos, el efecto negativo es menor.

Campo explica que esta 'protección' se genera porque de entre un 80 y un 90 % de la carga de trabajo para averías de chapa "llega de las compañías de seguros". En esos casos es necesaria la factura para justificar los gastos de una reparación, un documento inexistente en los pagos por los trabajos que se llevan a cabo en los talleres ilegales.