Todos los agentes coinciden en que hay que tomar medidas de control para mejorar la calidad del aire, reducir las emisiones y mejorar la movilidad, pero no hay acuerdo sobre la implementación de las mismas. Esta ha sido una de las conclusiones de la jornada "Medidas para la mejora de la sostenibilidad: Retos para la Movilidad de personas y mercancías en entornos urbanos" organizada por la Fundación Corell.

El evento ha tenido lugar en CentroCentro (Palacio de Cibeles). La primera intervención corrió a cargo de Juan Azcárate, subdirector general de Energía y Cambio Climático del Ayuntamiento de Madrid. Azcárate ha explicado los fundamentos del Plan A municipal, para buscar sinergias entre las medidas dirigidas a mejorar la calidad del aire y las medidas para combatir el cambio climático.

Los objetivos generales del Plan A son: reducir un 40% los gases de efecto invernadero en 2030, respecto a 1990; cumplir los valores legislados por la Unión Europea para todos los contaminantes; reducir las emisiones del tráfico rodado local en un 50% para 2030 respecto a 2012; cumplir el valor guía de la OMS para partículas PM10 y PM 2,5 y desarrollar una estrategia de adaptación frente a los efectos del cambio climático.

Para ello el plan establece cuatro líneas de actuación. La primera es una movilidad más sostenible, reduciendo la intensidad del tráfico y fomentando la tecnología baja en emisiones, además de priorizar al peatón. En cuanto a los vehículos pesados, el Ayuntamiento plantea la renovación progresiva de la flota de la EMT y la adopción de medidas en favor de la distribución de mercancías, como fomentar las flotas Eco y las redes públicas de recarga.

La segunda línea de actuación es el programa de regeneración urbana, remodelando los espacios públicos, la producción energética local, la movilidad verde, la gestión del agua y los materiales, así como la “renaturalización” de la ciudad, fomentando sistemas de climatización eficientes y el desarrollo del uso de energías renovables. La tercera línea es la adaptación al cambio climático, buscando soluciones basadas en la naturaleza para adaptar la ciudad y mitigar su impacto. Algunas de estas medidas son la gestión sostenible del agua y el uso de agua reciclada, además de infraestructuras como los pavimentos drenantes, el uso de cubiertas sostenibles en edificios municipales, además de desarrollar proyectos de reforestación y creación de masas verdes en zonas estratégicas. Por último, queda la colaboración con otras administraciones y la sensibilización ciudadana, incorporando buenas prácticas ambientales.

Por su parte, Alba Rey, explicó la visión de la movilidad según el RACC y su Fundación. Actualmente esta institución está en un proceso de cambio, dirigiendo su visión y objetivo hacia la reducción de la siniestralidad (mediante mejora de las infraestructuras, de la gestión y de la concienciación), tanto en carretera como en la ciudad, abordar el problema de las emisiones (con una sostenibilidad asequible para todos) y gestionar la congestión del tráfico y los tiempos de viaje, fomentando la tecnología y la intermodalidad.

Para la mejora de la siniestralidad, se ha elaborado un listado de medidas, dirigidas a jóvenes (acceso gradual al permiso de conducir a los 17 años), mayores (instrumentos de autoevaluación sobre capacidades para seguir conduciendo), peatones (sensibilización frente a atropellos), ciclistas (mejora de infraestructuras, promover el uso de casco y la Responsabilidad Civil obligatoria), motoristas (prueba de aptitud para nuevos conductores y campañas de concienciación) y conductores (formación continuada).

En cuanto a la mejora de la calidad del aire, las propuestas del RACC se centran en la aplicación progresiva, homogénea y coordinada de restricciones, el desarrollo de medidas de compensación y regulación económica vinculando los impuestos a las emisiones y la mejora del transporte público y de las infraestructuras.