En el último artículo del Blog Ruta 401 de Loctite se muestran dos tipos diferentes de arañazos y la forma correcta para reparar cada uno de ellos. Lo primero que hay que hacer es analizar el arañazo para comprobar su gravedad. Si es superficial (no hay pérdida de color en la zona), se puede arreglar realizando solo el proceso de pulido, siendo la opción más recomendable tratar la zona con una lija muy fina, y después proceder al pulido con las pastas específicas que hay en el mercado.

Sin embargo, la cosa se complica cuando falta pintura, nuestra uña se queda enganchada en el arañazo y se puede ver el fondo de éste. Si es el caso, será necesario llevar a cabo un trabajo que implica preparación, reparación y pintado de la zona afectada.

El primer paso sería lijar la zona, llegando hasta el final del arañazo. Posteriormente, habría que recubrir la zona con masilla y lijar hasta dejar un acabado perfecto. Una vez la masilla haya secado, se limpia y se prepara para aplicar la pintura, momento en el que surgen dos complicaciones principales: el problema de la colorimetría, o lo que es lo mismo, que el color de la zona reparada sea idéntico al resto del vehículo; y cómo vamos a pintar una pieza del vehículo por un pequeño desperfecto.

En estos casos se procede con técnicas de difuminado y parcheo, que consisten en pintar exclusivamente la parte dañada y, con un procedimiento de pulido e igualado, darle una terminación visual indistinguible del resto del vehículo para el ojo humano.

Desde Ruta 401 recomiendan Teroson WX 180, un restaurador de pinturas con poder abrillantador y renovador, capaz de limpiar, pulir y proteger en una sola operación. Además, se puede aplicar incluso sobre pintura húmeda. Para la fase de enmasillado, el producto aconsejado es Teroson PP, una masilla universal bicomponente efectiva, sobre todo, en plástico y fibra de vidrio.