La proliferación de calles 30 en los entornos urbanos podría conllevar la desaparición progresiva de los badenes, al menos en este tipo de vía. Para el director general de la DGT, Pere Navarro, esto ayudaría a evitar que se acorte la vida útil de los sistemas de amortiguación de los vehículos, un elemento que genera un desgaste prematuro que, en caso de tener que ser sustituido, puede requerir un desembolso de hasta 1.000 euros, según Euromaster.

Los badenes provocan un mayor estrés de las piezas del sistema de suspensión, desde los amortiguadores, pasando por muelles, brazos de suspensión, cojinetes, etc. Sin embargo, el primero en soportar el impacto con el badén es el neumático, lo que puede llegar a provocar deformaciones si se circula a una velocidad inadecuada o por la acumulación de impactos.

A partir de ese momento, se produce un efecto dominó en la mecánica del vehículo, desde el origen que es el neumático, pasando por el sistema de suspensión y llegando a los llamados tacos motor, que son de goma y representan la unión entre el chasis y el motor, que se ven sometidos a fuertes vibraciones cuando pasamos por encima de un badén.

Pero la amenaza no es solo económica, según Euromaster. En caso de circular con la amortiguación dañada, existe un riesgo para la seguridad vial ya que afecta a la estabilidad del vehículo, así como a la capacidad y distancia de frenado.

El especialista recuerda el particular riesgo que los badenes entrañan para las dos ruedas, especialmente en determinadas condiciones (lluvia), o ubicaciones (justo a la salida de una curva), de tal modo que la moto no solo sufre el mismo estrés mecánico que el coche, sino que también se puede convertir en un elemento de riesgo para el propio conductor.