Durante el primer trimestre del año, España ha llegado a triplicar el dato de ventas de vehículos eléctricos respecto a 2019. Según el último Barómetro de ANFAC, la mayoría de las comunidades autónomas han mejorado el indicador de penetración y, aunque el despliegue de puntos de recarga avanza de manera favorable, sigue centrado en niveles de potencia de carga lenta. Para facilitar el diseño e instalación de este tipo de equipos, TÜV SÜD recomienda tener en cuenta aspectos como el marco normativo y las ventajas e inconvenientes de cada tipo de instalación y sus componentes.

Según recoge el Real Decreto 1053/2014, de 12 de diciembre, la instalación de infraestructuras de recarga de vehículo eléctrico en aparcamientos o estacionamientos colectivos en edificios en régimen de propiedad horizontal solo requiere la comunicación previa a la comunidad de propietarios, pero no conlleva ningún permiso ni votación específica. Además, cada comunidad autónoma podrá precisar unos requisitos adicionales como, por ejemplo, en el caso de la Comunidad de Madrid, donde será necesario que el aparcamiento en el que se vaya a instalar el equipo de recarga haya superado la inspección periódica de las instalaciones eléctricas de baja tensión.

En función del tipo de recarga (súper lenta, lenta, semi rápida, rápida y ultra rápida), “se podrá conectar directamente a la red eléctrica o a través de infraestructuras especiales para la recarga del vehículo eléctrico (SAVE), lo que determinará la máxima intensidad admisible y, en consecuencia, la potencia disponible, el tiempo de recarga, la durabilidad de la batería, etc.”, explica Miguel Ángel Pérez de la Cruz, director técnico eléctrico de la Unidad de Negocio Eléctrico de alta y baja tensión de TÜV SÜD España. Según el experto, “mientras que en el sistema de carga súper lenta y lenta (modo de carga 2) la conexión a la red eléctrica se hace mediante tomas de corriente convencionales, los tipos de carga lenta (modo de carga 3), semi rápida, rápida y ultrarrápida precisan conexiones mediante SAVE”.

La instalación de puntos de recarga para el vehículo eléctrico implica una mayor demanda de potencia y, por tanto, hay que tomar las medidas oportunas para evitar sobrecargas y fallos en el suministro eléctrico del conjunto del edificio. Pérez de la Cruz aclara que “una solución viable para minimizar este riesgo es el sistema de protección de la línea general de alimentación (SPL), pues evita la fusión de los fusibles de la caja general de protección si la instalación demanda en algún momento una potencia de intensidad superior a la máxima admisible. Su forma de actuación dependerá de los modos de recarga que tenga la instalación, ya sea desconectando las cargas, regulando la intensidad de estas o regulando y desconectando cargas”.

Para evitar el colapso de la red eléctrica de transporte y distribución ante el uso masivo del vehículo eléctrico, los expertos aconsejan adecuar previamente la infraestructura, utilizando puntos de recarga con sistemas de control dinámico de la potencia y recomendando la recarga del vehículo durante las horas valle.