Datos de la patronal de los concesionarios de Estados Unidos, la NADA, revelan que únicamente el 5% de los coches nuevos en el país estadounidense se vendieron bajo pedido a fábrica a lo largo del pasado año.

El resto fue sobre el stock disponible de los concesionarios, un porcentaje muy lejano al europeo, donde el 50% de las ventas se piden específicamente a las fábricas.

Para los concesionarios, este hábito de consumo de los estadounidenses supone miles de millones en mantener su stock, mientras que para las marcas significa invertir mucho dinero en publicidad y en incentivos, por no hablar del coste financiero de mantener esos coches esperando a un comprador.

El interés de los concesionarios sería cambiar los hábitos de compra de sus clientes, para parecerse más a lo que hacen en el Viejo Continente.

Incluso con las ventas funcionando bastante bien, el stock en los concesionarios del país alcanzó el pasado 1 de mayo su mayor volumen desde 2006, con 3,9 millones de unidades expuestas en los puntos de venta.