Para garantizar la rentabilidad del taller, nos expone GT Motive, es fundamental un control que asegure conocer los puntos fuertes, las áreas de mejora y verificar la situación en la que se halla.

En este sentido, los denominados Key Performance Indicators (KPI) facilitan el control y la gestión del taller, basándose en cifras y datos que maneja el propio taller.

Los KPI son unas métricas que permiten medir y cuantificar el progreso de un aspecto concreto, ayudando a conocer el rendimiento del negocio.

Los más habituales son los márgenes sobre ventas (mano de obra, recambios, pintura), pues es necesario que el taller conozca bien sus márgenes. Resaltemos que un margen muy pequeño podría no estar cubriendo los costes fijos (impactando en los beneficios) y un margen muy elevado respecto al mercado sin estar justificado podría disuadir a potenciales clientes.

También la eficiencia operativa, que mide la ganancia obtenida del tiempo empleado por los operarios. Una baja eficiencia operativa puede ser síntoma de operarios poco formados o desmotivados, organización ineficiente, ausencia de herramientas de gestión o elaboración de presupuestos o utilización de equipos inadecuados u obsoletos.

De igual modo, una eficiencia general da la posibilidad de obtener un conocimiento integral de la situación del taller. Detrás de una baja eficiencia general pueden estar: una baja productividad, trabajos no facturados…

La productividad mide el grado de ocupación productiva del tiempo del taller. Un valor pequeño puede estar alertando de: mala organización del taller, poco trabajo, diseño inadecuado del taller…