Uno de los peligros a la hora de trabajar en el taller es una posible fuga de gas, motivo por el cual Loctite destaca en un nuevo artículo del Blog Ruta 401 la importancia de conocer qué tipo de gases se manipulan, cómo deben almacenarse y cómo debe reaccionar el profesional en caso de que ocurra una emergencia de este tipo.

Una fuga de gas puede hacer que el taller se enfrente a multas que van desde los 300 hasta los 1.750.000 euros, con una clausura temporal o definitiva de las instalaciones.

La actividad del taller genera distintos tipos de contaminantes atmosféricos, como los de la combustión de calderas, cabinas de pintado, motores, emisiones derivadas del pintado de vehículos y consumo de disolventes. La Ley 34/2007 es la ley básica para la prevención de la contaminación atmosférica y establece el catálogo de actividades potencialmente contaminantes llamado CAPCA.

Por ello, el taller debe consultar este catálogo para saber a qué grupo pertenece. Las instalaciones más peligrosas pertenecen al grupo A, al que se le aplican requisitos más exigentes que las de los grupos B o C. Esta catalogación se realiza por la potencia térmica nominal de las calderas y quemadores de las cabinas de pintado. Si el taller dispone de calderas de calefacción y de otro tipo, también tiene su propia clasificación. Además, en cada comunidad autónoma se establecen criterios diferentes para este tipo de actividades potencialmente contaminantes.

No sólo en la pintura o el aire acondicionado se pueden encontrar gases peligrosos. Los gases de escape de los motores de combustión interna contienen monóxido de carbono, un gas incoloro, inodoro y muy tóxico. El personal debe ser consciente de los peligros de la exposición a esta sustancia, sobre todo cuando los vehículos se encuentran en plataformas de reparación, garajes o instalaciones de lavado con el motor en marcha.