Para entender cómo funciona un sistema de aire acondicionado, un artículo del Blog Ruta 401 de Loctite recoge que tener claros una serie de principios. El primero y más básico hace referencia a los tres estados de la materia: gaseoso, líquido y sólido. Por su parte, en el de punto de ebullición, la presión del vapor de un líquido cualquiera es igual a la presión atmosférica. En el caso del agua, cuanto más baja es la presión, menor es la temperatura a la que entra en ebullición para transformarse en vapor (evaporación).

Pero, ¿cómo se aplican estos principios en el sistema de ventilación de los vehículos? El principio de evaporación es precisamente el que se aplica en los sistemas de aire acondicionado para vehículos. En este caso, no se emplea agua, sino una sustancia de fácil ebullición denominada agente refrigerante.

Para enfriar algo es preciso que expulse calor. A estos efectos, se implanta en los vehículos un sistema de refrigeración por compresión. Un agente frigorífico circula en un circuito cerrado y cambia continuamente entre los estados líquido y gaseoso: se comprime en estado gaseoso, se condensa y entra en calor, y se evapora por reducción de la presión y absorbe el calor. Es decir, el objetivo de este sistema no es generar el frío, sino extraer el calor del aire que ingresa en el vehículo.

En cuanto al sistema de aire acondicionado, se trata de un circuito cerrado, por lo que controlar todo lo que entre en él y evitar que entre humedad en el circuito. Antes de rellenar el circuito, se debe vaciar totalmente el agente usado y es necesario asegurarse de que las tuberías están secas.

Uno de los elementos clave en el mantenimiento del sistema de aire acondicionado es el filtro de polen, elemento que impide que las partículas e impurezas procedentes del aire del exterior entren en el habitáculo. El estado defectuoso de este filtro conlleva, no sólo una disminución del confort en el habitáculo, sino también una reducción del caudal de aire entregado por el sistema de climatización.