“Estamos asistiendo a un cambio fundamental en la naturaleza del riesgo y en el comportamiento del ser humano hacia el vehículo, lo que nos lleva a plantearnos dos grandes cuestiones: la primera es entender cómo la tecnología nos ayuda a mitigar los riesgos existentes en la carretera; y la segunda, si estas mismas tecnologías pueden estar creando nuevos riesgos y consecuencias de manera involuntaria”, asegura Iwan Parry, Consultor e Investigador Científico en el TRL (Transport Research Laboratory) de Reino Unido.

Iwan Parry fue uno de los conferenciantes en el Best Of Belron, que se celebra cada dos años bajo la organización del Grupo Belron, al que pertenece Carglass España. Este evento reúne una competición para elegir al mejor técnico del mundo especialista en cristalería del automóvil y una conferencia global sobre innovación y tecnología donde participan ponentes de talla mundial.

El desarrollo de las nuevas tecnologías aplicadas al coche conectado, así como su relación directa con el comportamiento y conducta de los conductores y su percepción de los riesgos al volante, son el objetivo clave del programa RAID (Road Accident In Depth Studies) que está investigandoel TRL. “Está ampliamente demostrado que ha cambiado la actitud de los usuarios de los vehículos conectados, que incorporan un importante número de dispositivos de ayuda a la conducción (englobados bajo la definición ADAS)”, señala Iwan Parry.

Sin embargo, “estamos detectando que los usuarios no quieren que se otorguen más funciones y control del vehículo a la tecnología”, apunta el experto. Según un estudio realizado en el año 2010 en el Reino Unido, el 97% de los accidentes de tráfico se deben a causas o errores humanos en alguna medida; de hecho, el 75% de los casos son achacables exclusivamente a factores humanos, mientras que sólo el 1,1% tenía su origen en la vía y un 0,6 % se debía a causas técnicas o mecánicas provocadas por el vehículo.

Otro estudio realizado dos años antes (2008), y en el que TRL está basando sus observaciones y análisis del comportamiento de los conductores durante los últimos 15 años, muestra que un 45% de los mismos reconocía escribir mensajes de texto mientras estaban al volante, y no de manera esporádica o breve. Según los datos de TRL, el tiempo de reacción del conductor se incrementa en un 35% si están usando el móvil. Este retardo en la reacción a los estímulos necesarios en la conducción aumenta en un 12%, si estamos bajo los efectos del alcohol, y en un 21% si hemos consumido cannabis.

Como consecuencia, el Laboratorio de Investigación se está centrando en el uso inadecuado o inconsciente de las tecnologías en el vehículo y en cómo hemos de adaptar nuestra forma de conducir al vehículo conectado. “Como bien sabemos, es imposible evitar accidentes, ya que no dependen solo de nosotros o del sistema de automatización del coche. Por eso es fundamental el uso del EDR (Event Data Recorder), que es un sistema de registro de los datos del vehículo y de supervisión continua del comportamiento del conductor”, indica Iwan Parry. El EDR mide la velocidad del vehículo y las acciones del conductor; por ejemplo, la posición del pedal de freno y acelerador, sistemas de asistencia al conductor, la activación del control de crucero y los niveles de aceleración.

Las investigaciones de TRL se centrarán cada vez más en vehículos equipados con EDR, que ya son frecuentes en el mercado y obligatorio en Estados Unidos, donde la mayoría de los fabricantes usan la herramienta Bosch CDR con esta finalidad. En el Reino Unido, cada vez más fabricantes de equipos originales que permiten voluntariamente el acceso a TRL han utilizado también la herramienta Bosch CDR durante los últimos cinco años.