El secretario técnico de la Asociación de Empresarios Salmantinos de Automóviles y Talleres (Aesat), Víctor Yenes, afirma que este verano es más necesaria que nunca la revisión de cualquier vehículo antes de abordar cualquier viaje de media o larga distancia. “Han estado parados y eso conlleva algún sufrimiento en la maquinaria de lo coches. Conviene una revisión en los puntos críticos y más importantes”, ha declarado a El Norte de Castilla.

Si hay un repunte en la actividad de los talleres tras el confinamiento es por los coches que necesitaban una puesta a punto. “No hay que correr el riego de, tras tres meses parados, hacer un viaje largo o medio sin comprobar los elementos más seguros de la puesta a punto”, añade Yenes, para incidir en la necesidad de acudir a talleres legales y homologados, entre otros motivos, por la seguridad personal, “que no puede quedar en manos de alguien que usa piezas que no se sabe de dónde vienen, que no se sabe cómo gestiona los residuos, sin garantías,... “La seguridad personal no puedes dejarla en manos de alguien que trabaja con la tapa del negocio bajada. Los talleres legales cobran más o menos dependiendo de sus circunstancias, pero tienen garantías y si no dan la calidad adecuada se puede reclamar porque hay una factura”.

El secretario técnico de Aesat añade que los negocios reglados “acometen las inversiones necesarias para dar garantía de calidad porque los trabajadores están formados adecuadamente. Tienen garantía en las reparaciones y de que manejan de forma adecuada los residuos. Uno ilegal no puede hacerlo porque no esta dado de alta y no puede gestionar el aceite usado, por ejemplo, o los neumáticos, que seguramente acabarán en una alcantarilla o en un descampado. Tampoco pagan impuestos y, en la situación en la que estamos, nadie puede permitirse el lujo de no pagar impuestos para cubrir las necesidades sanitarias. Insistimos en que hay mil y un motivos para elegir un taller legal”.

El responsable pide también a los conductores que no se engañen: quien más sufre por la existencia de los talleres ilegales son quienes cumplen con las normas, no las industrias que fabrican los coches. “El que más lo padece es el taller pequeño porque es al que más le cuesta amortizar a sus trabajadores, pagar cursos de formación, maquinaria,... Los coches son cada vez más complicados de manipular o reparar y para eso hace falta formación. Los cursos no son baratos y mantener un taller como propietario o a los trabajadores contratados son horas que dejas de trabajar”.

Pero, ¿por qué hay conductores tentados de acudir a los ilegales? La “difícil situación económica” es el factor determinante según Víctor Yenes. La pandemia de coronavirus frenó en seco a la economía y destruyó miles de empleos. “Por una parte, esto puede generar menos desplazamientos por carretea, pero, por otra, como vimos en 2008, cuando hay una crisis económica los talleres ilegales suelen afloran y la gente está tentada de acudir a ellos”.

En palabras del secretario de Aesat, “hay una cierta predisposición a que, desde el punto de vista de la oferta, se ponga un taller porque hay que salir adelante. Y desde el punto de vista de la demanda, igual. Si el bolsillo está dañado van al más barato, que es el ilegal porque no tiene altas laborales, ni gestiona residuos, ni tiene permisos municipales, ni instalaciones ni maquinaria homologadas,... y se ahorra costes que puede trasladar al cliente, aun con el riesgo de la falta de garantías. Y en una época de crisis económica se nota. Si la economía repunta, estos problemas afloran menos. Y si tienes empleo, vas a lo legal”. “No justificamos que se acuda a los talleres ilegales”, aclara Yenes, “pero buscamos una explicación. Hay una relación causa-efecto total entre la crisis y los talleres ilegales”.

Las asociaciones empresariales tratan de combatir este fenómeno, aunque la idiosincrasia de Salamanca lo complica todo. “Es una provincia con mucha capilaridad de talleres, dada la potencialidad agrícola y ganadera que tiene. Casi en cada pueblo hay un taller y hay más posibilidades de que surjan talleres clandestinos en pequeñas localidades para algunas reparaciones agrícolas”. La patronal nacional Cetraa calcula que en torno a un 20% de los talleres españoles son ilegales. “Es un porcentaje que no nos gusta pero que tenemos que dar por valido. Ese 20% vale para Salamanca”, comenta Yenes.

Las empresas tienen sus propios medios para combatir a los negocios ilegales. “Suele funcionar bastante bien un buzón de denuncias en el portal de Cetraa, que las rebota a cada asociación provincial y de éstas llega a las autoridades competentes, como Ayuntamiento, Seprona, Hacienda... dependiendo de qué actividad se trate. Es una denuncia anónima y lo primero que hace la Administración es investigar antes de derivar sanciones”. La lucha contra los negocios irregulares “es un tema recurrente” en Aesat. “Pedimos datos a los asociados, pero con tantas naves perdidas en los pueblos es complicado tenerlos todos. Es una cuestión que nos atañe a todos”.