Un céntrico restaurante de Barcelona fue el escenario escogido para celebrar una comida homenaje a uno de los grandes de la posventa automoción, Alfonso López Lavirgen, por sus múltiples cualidades y virtudes.

Al almuerzo acudieron una veintena de sus más íntimos amigos, las mejores amistades, muchas de ellas producto de sus 45 años en el sector.

El motivo fue la celebración de los 65 años de Alfonso, edad de jubilación, pero que él no comparte. Eso sí, dejará en manos de su hijo Fran, un joven capacitado y competente, mucha más responsabilidad.

"Yo haré lo que más me gusta, la venta, la visita a amigos y proveedores, que compaginaré con viajes más frecuentes a mi Córdoba natal", se sincera.