La implantación progresiva de los sistemas ADAS está reduciendo el número de accidentes, víctimas y heridos, así como los costes económicos asociados y las reclamaciones a los seguros por siniestros. Pero, como todas las tecnologías, hay que utilizarlas correctamente, teniendo en cuenta que “los sistemas ADAS son una ayuda al conductor, no un piloto automático que nos reemplace ni nos permita bajar nuestro nivel de atención al volante”, destacan desde Carglass España.

De ahí surgen los vicios que están adquiriendo muchos conductores en la utilización de estos sistemas, que numerosos estudios están detectando:

  • Frenado autónomo de emergencia. Como el conductor sabe que su coche va a avisarle y a frenar solo en caso de detectar un riesgo de colisión, se pega más al coche que le precede o distrae durante más tiempo la atención (con la radio, el móvil,...) mientras circula entre tráfico denso.
  • Frenado autónomo de emergencia con detección de peatones. Se relaja el nivel de atención al posible cruce imprudente de peatones (sobre todo, niños) en zonas urbanas, pensando que el coche va a detectarlos y a frenar solo evitando un posible atropello.
  • Mantenimiento de carril. Como el conductor sabe que el coche se mantiene dentro del carril y de la calzada por sí solo, se permite a sí mismo conducir con somnolencia.
  • Alerta de tráfico cruzado. Sabiendo que su coche equipa un sistema de alerta de tráfico cruzado, el conductor se incorpora marcha atrás a una vía sin realizar comprobaciones visuales, confiando ciegamente -nunca mejor dicho- en el funcionamiento del sistema.
  • Control de crucero adaptativo. Como nuestro automóvil mantiene de forma automática la distancia con el que le precede, el conductor desatiende sus funciones y deja que el sistema siga “guiando” el coche y frene por sí solo cuando, por ejemplo, abandonamos la autopista por una salida con un coche delante.
  • Avisador de ángulo muerto. Conscientes de que este sistema nos alertará de la presencia de otro vehículo en nuestro ángulo muerto, miramos menos por los retrovisores o dejamos de hacerlo.
  • Sensor de aparcamiento. Como el sistema nos avisa con señales acústicas cuando nos vamos acercando a cualquier obstáculo, ni miramos hacia atrás al dar marcha atrás para estacionar.
  • Cambio de vehículo. Nos acostumbramos a relajar el nivel de atención al conducir un vehículo que equipa todos los sistemas ADAS; y actuamos igual cuando nos toca llevar uno que no los equipa, aumentando el riesgo al volante sin ser conscientes de ello.