Faconauto ha pedido a las marcas fabricantes que clarifiquen el papel que jugarán en el futuro de la distribución de vehículos en nuestro país, estableciendo una estrategia consensuada respecto a los contratos de distribución, así como respecto a la dimensión que deben tener las redes de concesionarios en el futuro. Así lo ha hecho durante la primera jornada de su XXVII Congreso anual, que se celebra los días 7 y 8 de febrero en Ifema, que reúne a 1.200 profesionales de un sector que el pasado ejercicio creó un total de 8.506 nuevos puestos de trabajo.

“Las marcas deben tener un comportamiento ético con sus socios concesionarios para evitar ambigüedades y para que sepan con exactitud cuál va a ser su planteamiento en los próximos años. Sólo de esta manera podremos trabajar y adaptarnos para poder seguir ofreciendo un valor añadido único a la experiencia de compra del cliente”, ha dicho el presidente de Faconauto, Gerardo Pérez.

La patronal ha advertido que el mayor impedimento que los concesionarios pueden tener para invertir en recursos humanos y materiales es, precisamente, la incertidumbre que se cierne sobre el sector. Pese a ello, muchas marcas están “animando” a las concesiones a invertir para hacer más grandes o para rediseñar sus instalaciones. En este contexto, la organización ha recordado que el sector de la distribución y reparación de vehículos está preparado para estos nuevos tiempos y para seguir siendo fundamentales, por su conocimiento del cliente, por la estrategia de 'big data' y digitalización en la que están embarcados y por la mejora de la experiencia de compra.

Por otro lado, la patronal ha pedido que se racionalice el debate en torno al diésel y a su influencia en la contaminación de las grandes ciudades. A su juicio, España necesita un plan integral y coordinado que mejore el medio ambiente que, en lo referente al automóvil, debería incluir medidas para el rejuvenecimiento del parque, un apoyo decidido a la extensión de los vehículos de energías alternativas y a sus infraestructuras, así como un cambio profundo en la fiscalidad del automóvil, que debería fundamentarse en su uso y no en la posesión.