Los niveles medios de impago soportados por las empresas españolas, de acuerdo con el Índice Crédito y Caución de Incumplimiento, caen por tercer trimestre consecutivo y muestran ya una reducción del 24% respecto a los valores de hace un año.

El dato del tercer trimestre consolida la evolución de 2013, que pone fin a la fase de año y medio de empeoramiento ininterrumpido que se inició en la segunda mitad de 2011. A pesar de esta reducción, los niveles de impago de nuestro mercado doméstico siguen superando los que se registraban al cierre de 2007, muy por encima aún de su valor a largo plazo.

La evolución del Índice Crédito y Caución de Incumplimiento refleja el reequilibrio de la economía que, tras casi dos años de contracción, comienza a estabilizarse de acuerdo con los últimos indicadores empresariales disponibles.

Este entorno más equilibrado en 2013, unido a la selección de riesgo y gestión del crédito al cliente que preside las relaciones entre empresas desde 2009, ha provocado una reducción de los niveles de impago en el B2B. La previsión de Crédito y Caución es que la evolución de los niveles de impago en el cuarto trimestre permita cerrar 2013 con una reducción de los niveles de impago.

En este sentido, el entorno de negocio que afrontan las empresas españolas sigue siendo muy complejo. La iliquidez continúa siendo el principal detonante de los problemas de pago. Los niveles de insolvencia judicial, que reflejan las dificultades de muchas empresas para seguir reestructurándose ante la complejidad de la realidad económica, están en máximos, en el entorno de los 10.000 casos anuales.

La evolución del Índice de Incumplimiento refleja las precauciones del tejido empresarial para evitar la transmisión de esa insolvencia que, en un entorno de descapitalización empresarial y dificultades de acceso al crédito financiero, tiene un impacto mucho más relevante en la mortalidad empresarial.

En gran medida, la mayor suavidad que muestra el índice desde 2010 refleja hasta qué punto las empresas han reforzado el control y la gestión continua de sus canales de distribución, estabilizando de forma significativa el impacto de la morosidad a lo largo de la cadena comercial.