• De la 1ª a la 10ª edición: de 1919 a 1935

La I Exposición Internacional de Automóviles tuvo lugar en septiembre de 1919, en el Palacio de Bellas Artes. Concurrieron un total de 58 expositores, destacando las marcas españolas Hispano-Suiza, Elizalde, España,... Varios medios periodísticos de prestigio de la época se hicieron eco del evento, pero a pesar del deseo de sus organizadores no se pudo llevar a cabo anualmente. La segunda Exposición se celebró entre mayo y junio de 1922, en el Palacio de Arte Moderno. Entre sus 33.410 visitantes destacó la figura del Rey Alfonso XIII, entusiasta del mundo del motor. Un año después, el certamen, que había sido declarado “Oficial” por el gobierno de S.M. el Rey, contó con la presencia de 413 expositores y la cifra de público asistente superó el número de 50.000. La industria auxiliar comenzó a formar parte del evento dos ediciones más tarde, en 1925.

1919 salon automovil barcelona f. de puig

La V Exposición fue inaugurada por Alfonso XIII en abril de 1927. Las marcas representadas fueron 55. Entre las novedades se citaban el Studebaker y el Whippet, automóviles que por sus características (lujoso el primero y sencillo el segundo) dejaban ver que en el Salón confluían vehículos para todos los públicos.

Transcurrieron seis años hasta la VI Exposición (1933) que, como las anteriores, estaba organizada por las Cámaras Sindicales del Automóvil. ¿Por qué este salto de 1927 a 1933? Las razones son varias: en 1929 se celebró la Exposición Universal, por lo que no procedía celebrar un Salón, y dos años después se proclamó la II República. Acontecimientos que influyeron en este largo paréntesis.

Ya en la edición de 1933, en Barcelona había un vehículo por cada 40 habitantes, y la Exposición suponía un marco idóneo para llevar a cabo importantes negocios. Por vez primera estuvieron presentes en el evento las marcas alemanas: Opel y DKW. La última Exposición antes de la contienda española se celebró en 1935 y volvió a ubicarse en los Palacios de Arte Moderno y de la Industria. Modelos como el Fiat Balilla o el impresionante Mercedes 500K Roadster, entre otros, hicieron las delicias de los asistentes. Fue un certamen de gran resonancia internacional, pero no pudo continuarse hasta 30 años después del inicio de la Guerra Civil.

  • Un paréntesis de 30 años

Y es que la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial y las postguerras inmovilizaron al país y se cerraron las puertas del Salón Internacional de Barcelona hasta 1966. Este año, cuando España mantenía todavía sus puertas cerradas a la entrada de automóviles de procedencia extranjera, la capital catalana volvió a erigirse como epicentro del motor. No fue un salón internacional, sino, como así lo bautizaron, el I Sector del Automóvil de la Feria de Muestras, prólogo del actual Salón. El certamen acoge a una industria española modernizada con la instauración unos años antes, en 1953, de la primera fábrica de automóviles en cadena, en España -SEAT en Zona Franca para realizar el 1400-. Fue en esta edición de 1966 la que dio el pistoletazo de salida a los “Symposium”, uno de los grandes aciertos de los responsables del Salón, donde se ponen sobre la mesa y se debaten muchas de las preocupaciones y de los temas de actualidad del sector.

En 1967 continuó como Feria de Muestras, hasta el Salón de 1968, una edición que marcó un antes y un después porque fue reconocido internacionalmente por parte de la Organización Internacional de Constructores de Automóviles (OICA). La industria nacional ya era consciente de que se tenía que transformar para ponerse al nivel de los países europeos más potentes. Fue el año del SEAT 124, del Mini 1275 C, que deslumbró en el stand de Authi, y del Alpine A 110 de Fasa Renault.

  • De la 11ª a la 20ª edición: de 1969 a 1981

Claro indicio de la internacionalidad que adquirió rápidamente el Salón Internacional del Automóvil de Barcelona es que en su edición de 1969 ya hubo 497 expositores, cifra que se duplicaría al año siguiente. SEAT presentó uno de sus más emblemáticos modelos, el 1430, y Fasa Renault asombró a todos con el R6. El stand de Barreiros fue también muy visitado, con el Simca 1200 como protagonista, y, entre los importados, el futurista NSU Ro80 fue una de las grandes atracciones. En 1970, con seis palacios y 200.000 metros cuadrados ocupados, el Salón de Barcelona adquiría ya una importancia relevante a nivel internacional. Dos fueron en aquel momento sus grandes estrellas: el SEAT 124 1600 Sport, que resultó ganador del desfile de elegancia, y el Renault 12.

1966 BMW 1700 GTt barcelona

El Salón de 1971 no fue un Salón fácil. Por vez primera, las marcas españolas comenzaban a tener stocks y alguna importante firma nacional, para recortar gastos, se planteó no acudir a la cita barcelonesa, lo que habría supuesto un duro golpe para el Salón. Finalmente todo transcurrió con normalidad. Un año después, en el certamen de 1972, dos auténticos mitos de nuestro automovilismo hacían su aparición: el SEAT 127 y el Renault 5.

En 1973, cuando el salón abrió sus puertas en el mes de abril, nadie pudo sospechar que este iba a ser el último salón de una determinada época, ya que a finales de ese año tuvo lugar la primera “Crisis del Petróleo”. Pero el Salón de Barcelona de 1974, a pesar de estar en plena crisis petrolera, fue todo un éxito, demostrando una vez más el gran poder de convocatoria que generaba el automóvil. SEAT se convirtió una vez más en la estrella de las marcas nacionales con su nuevo modelo 133. En motos, la esperada Ossa Yankee 500 cc para carretera hizo su aparición, y Bultaco atraía la mirada de los jóvenes con la Brinco 74 de campo.

Un año después, la edición de 1975 fue duda. En ese momento las ventas de automóviles habían descendido ante la incertidumbre generada por la crisis petrolera y los fabricantes estaban pasando apuros. Pero, a pesar de los consejos que sugerían posponer un año el evento, el Salón de Barcelona abrió sus puertas. Allí lució el Fiat 131, y Volvo ya puso a la seguridad como bandera dejando ver en su stand un coche estrellado contra un muro. En 1976, a pesar del delicado momento que vivía España ante la incertidumbre política existente, el Salón del Automóvil volvió a demostrar su fuerza y a demostrar que la fe en el automóvil seguía intacta, como bien lo demostraron los miles de visitantes que acudieron a la cita. Citroën aprovechó el certamen para anunciar su intención de construir en España el modelo CX, y SEAT volvía a consolidarse como estrella del Salón con su 131 Familiar y el 1200 Sport.

1968 ESTAND DE FORD barcelona

A partir de la edición de 1977, el Salón de Barcelona pasó a ser bienal. Salvo excepciones, era ya la tónica habitual de otros grandes certámenes internacionales similares. Ello trajo muchos cambios a la hora de presentar los nuevos modelos. Así, las presentaciones “por sorpresa” que los fabricantes efectuaban antiguamente ya no eran habituales. La novedad del salón de 1977 fue el Chrysler 150 que pasaba a estar construido en Villaverde (Madrid), y en materia deportiva el Renault 5 Copa fue uno de los grandes centros de atención. Mencionar que en el stand de Telefónica se mostraba un teléfono apto para ser usado en el coche.

Ya en 1979 la economía recobraba su pulso. El Symposium del Salón versó de manera casi exclusiva sobre la inminente incorporación de España a la CEE. Lo cierto es que al cierre del Salón, el 1 de mayo, entraba en vigor una amplia liberalización de las importaciones de automóviles, algo para muchos inusitado desde 1936. De nuevo SEAT fue la marca más destacada, con su llamativo Ritmo. Llamó la atención la presencia en el certamen barcelonés de Lada, la más importante marca de la URSS. El modelo Niva 4x4 se mostraba al público español.

Dos años después, en 1981, el Salón destacó por la presencia de unos stands de marcas que cada vez cobraban más fuerza, no solo a nivel nacional, sino también por parte de las marcas importadas, ya que por vez primera los cupos de importación habían desaparecido totalmente. Ese año el Citroën Visa se convirtió en centro de todas las miradas.