Estas reflexiones nos deben hacer pensar en dos conceptos básicos para nuestro negocio: evolución de mercado y competitividad.

El herrero ha desaparecido o se ha especializado en un nicho de mercado como artesano, debido a que el caballo ha sido reemplazado por el automóvil. Hemos dejado de cambiar cristales porque unos especialistas - apoyados en una gestión empresarial (economía de escalas, mayor volumen de compras, publicidad, marketing,…) - son más competitivos. En definitiva, ha habido una evolución tanto en el mercado como en las empresas.

Todos en la actualidad estando viendo la evolución del automóvil hacia los híbridos, eléctricos, mejora de los elementos de seguridad pasiva y activa, mayor porcentaje económico del recambio en las reparaciones sobre la mano de obra y la exigencia de los usuarios en su concepto de la movilidad (“siempre necesito el coche, aunque sea para que esté en el garaje”). Su mayor preocupación es el tiempo de estancia para la reparación, es decir, evolución de mercado, tanto tecnológicamente como a nivel de servicio.

Ante estas situaciones, que como taller no podemos cambiar, nos debemos plantear qué estrategia debemos seguir. No cambio, sigo siendo un gran carrocero (artesano) y me busco mi nicho de mercado (restauración de vehículos antiguos, trabajos de gran calidad en coches de representación, blindajes,…).

O bien evoluciono, me convierto en una empresa competitiva (sola pero formando parte de un grupo), gestiono las compras, realizo campañas publicitarias, añado servicios, estructuro mi taller en la forma de trabajar (métodos) para la inmovilización mínima e invierto en formación para conocimiento de los nuevos vehículos (chapas aceradas, cambios automáticos, híbridos, eléctricos,…).

Indudablemente preciso hacerme estos planteamientos, porque sino corro el peligro que igual que “desapareció el herrero” y no “cambió cristales”, acabaré sin apenas reparar golpes.