La fatiga es la cuarta causa de siniestralidad mortal en las carreteras españolas, pero es un riesgo que se puede evitar adoptando buenos hábitos al volante. Por ese motivo, el RACE y la Asociación de Bebidas Refrescantes (Anfabra), con el apoyo de la DGT, pusieron en marcha hace doce años la campaña “Un refresco tu mejor combustible” para mejorar los hábitos de conducción y reducir el riesgo. En esta edición se han realizado dos trabajos: una encuesta a más de 1.000 conductores que realizarán un viaje largo durante este verano, y el estudio, mediante pruebas neurológicas en simuladores de conducción del RACE, para conocer los efectos que supone conducir bajo los efectos de la deshidratación.

El Observatorio Español de Conductores DUCIT ha querido conocer las preocupaciones y hábitos de los conductores que se ponen en carretera en esta época. A la hora de preguntarles si viajan solos o acompañados, el 92% de los encuestados lo hace acompañados, pero sólo un 45% declaró que se turna al volante. Este porcentaje sube hasta el 80% en los mayores de 65 años, mientras que el 62% de los conductores menores de 34 años indicaron que sí se intercambian al volante durante los largos viajes. Otro dato significativo es el referido a los descansos durante el viaje: un 55% no para cada dos horas, como se recomienda para reducir el riesgo de cansancio, y un preocupante 20% que no para en un viaje largo. Y lo que todavía resulta más peligroso: el 6% de los conductores declara hacer viajes de entre 500 y 1000 km sin parar.

Los datos reflejan que tres de cada diez conductores han sentido cansancio extremo en el viaje, principalmente causado por la intensidad del tráfico, las horas al volante y por circular por carreteras convencionales, lo que requiere una mayor atención. Además, cerca de un 80% reconoce haber sufrido somnolencia, la fase final y más peligrosa de la fatiga.

Junto con el descanso, otro de los factores que más afecta a la fatiga del conductor es la deshidratación, unido a unos bajos niveles de glucosa. Los estudios constatan que una hidratación insuficiente puede provocar las mismas reacciones al volante que cuando se conduce bajo los efectos de determinados niveles de alcohol. Sin embargo, un 20% de los conductores no identifica la falta de hidratación como causante de la fatiga o como factor que puede provocar un riesgo de accidente.

Por ello, el RACE ha querido conocer qué efectos produce la deshidratación en la conducción mediante unas pruebas neurológicas a conductores. En las instalaciones del Circuito del Jarama-RACE, 14 automovilistas se sometieron a unas pruebas en las que se controló la respuesta psicogalvánica, los valores recogidos en el electroencefalograma y la medición de la tasa cardiaca. El cuerpo humano está compuesto, en más de un 70%, por líquidos. Si descienden los niveles de hidratación y de glucosa (el combustible del cerebro), la capacidad de atención y el tiempo de respuesta ante determinadas situaciones de la conducción se ven afectadas.

En las pruebas realizadas a los conductores se comprobó que, cuando conducían deshidratados, se adelantaba la aparición de la fatiga en un 50%, con la consiguiente pérdida de atención al volante. En un 66% de los casos, la deshidratación al volante provoca una conducción más agresiva y una mayor brusquedad en las maniobras. También desciende en un 27% la concentración, tanto en los recorridos urbanos como interurbanos, con el consiguiente riesgo de accidente. Del mismo modo, un tercio de los conductores evaluados cometieron más errores que el resto de conductores, con un 17% más de frenazos bruscos.