Los últimos avances en el diseño de los motores representan un reto para el lubricante, ya que se incrementa la presión, por lo que deben ser más resistentes que nunca. A continuación, Castrol enumera cinco aspectos en que los lubricantes de la marca pueden beneficiar a los motores modernos, para así mejorar el rendimiento, reducir los costes de funcionamiento y limitar las emisiones nocivas.

  • Desarrollados para los motores modernos. Estos motores más pequeños trabajan más duro y su eficiencia media es superior. En consecuencia, funcionan con presiones mayores, por lo que los lubricantes deben ser más resistentes para soportarlas. A base de varias pruebas, Castrol pudo observar cómo influye la presión del motor en el rendimiento de los lubricantes. Por ejemplo, cuando se comprime bajo una presión intensa, Castrol Edge con tecnología Fluid Titanum transforma físicamente su estructura molecular para convertirse en sólido en puntos de presión extrema, y así mantener separadas las superficies metálicas y reducir la fricción y el desgaste.
  • Superan los estándares de la industria. En Europa, el organismo que controla las especificaciones y define los requisitos básicos de los lubricantes para el continente y los vehículos europeos es la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA). Además, muchos fabricantes añaden sus propios requisitos específicos para sus necesidades. Castrol va incluso más allá de los restrictivos requisitos de los fabricantes y formula productos que los superan en parámetros de protección específicos: limpieza del motor, protección ante el desgaste y resistencia.
  • Compatibilidad con los sistemas de tratamiento de las emisiones del motor. En cuanto a los criterios medioambientales, los óxidos de nitrógeno (NOx) y las emisiones de partículas (PM) constituyen dos de los mayores riesgos derivados de los automóviles, y de los cuales, según la legislación europea, se exige el control de estos contaminantes. Las emisiones de NOx se reducen a niveles mínimos gracias a los convertidores catalíticos en los motores de gasolina y los catalizadores de reducción selectiva de los de diésel, mientras que hay filtros para reducir las partículas, en ambos tipos de motores.

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Pese a que no se introduce lubricante deliberadamente en estos sistemas, una pequeña cantidad de éste se quema en la combustión. Los productos de la combustión del lubricante llegarán al sistema de tratamiento de los gases de escape, que puede verse perjudicado por una formulación inadecuada. Así pues, el lubricante de motor debe ser compatible con estos componentes del sistema de tratamiento de las emisiones del motor.

  • Viscosidad baja para mejorar el ahorro de combustible. Un modo de mejorar la eficiencia de un motor por medio de un lubricante es hacer que éste sea menos “espeso”; es decir, reducir la viscosidad. Sin embargo, esto también tiene su parte negativa: al reducir la viscosidad del lubricante, el desgaste puede empezar a incrementarse.

El lubricante de motor tiene varias funciones, pero las principales son la reducción de la fricción y la protección ante el desgaste. Los lubricantes de baja viscosidad pueden ayudar a reducir la fricción y, por lo tanto, mejorar el ahorro de combustible. No obstante, la presión para diseñar y desarrollar lubricantes cada vez menos viscosos se traduce en una mayor exigencia sobre los aditivos empleados en la formulación. A medida que el lubricante pierde viscosidad, se incrementa el riesgo de contacto entre superficies metálicas, de modo que los aditivos deben formularse especialmente para proteger el motor.

  • Protegen del fallo catastrófico del motor causado por el preencendido a baja velocidad en motores de gasolina con este problema. El preencendido a baja velocidad ha evolucionado hacia un incremento de las presiones de carga de turboalimentación combinado con la inyección directa de combustible, en busca de un aumento de la eficiencia y una reducción de las emisiones. De los muchos factores que pueden influir en el preencendido a baja velocidad, uno es el lubricante de motor. Castrol ha estudiado este fenómeno de cerca durante varios años, tanto internamente como en colaboración con los fabricantes de motores, lo que le ha permitido tener un análisis científico detallado de los factores relevantes relacionados con el lubricante y el combustible, y sobre cómo formular soluciones para atenuar el problema.