“Si todos dejamos ahora de consumir y de invertir, podemos cerrar el chiringuito... Yo soy amigo de ahorrar, pero no ahora Ahora hay que invertir y así producir, para no crear más desempleo”. Así lo destaca Ernst Prost, gerente de Liqui Moly, para quien “el que ahora se dedica a despedir gente y aplica la tijera para ahorrar, está dañando a toda la economía. El miedo (y los hechos hablan por sí mismos) a perder el trabajo es de por sí enorme. No se debe empeorar aún más la situación anunciando y realizando recortes de plantillas y dejando de invertir. Esto es válido para el sector público y el privado por igual”.

“Precisamente ahora es cuando se necesita que el Estado empiece a asignar proyectos”, continúa el gerente. Y lo mismo vale para todas las empresas. “De lo contrario, entraremos automáticamente en una horrible espiral descendente. El objetivo de los políticos y de los líderes empresariales es el de invertir el sentido de la espiral, es decir, convertirla en un despegue. Invertir, conceder proyectos y producir para que se pueda consumir. Sólo así se evita el desempleo y las quiebras. Ahorrar y congelar todos los planes es veneno para economía y nuestros puestos de trabajo. ¿Cómo va a reponerse la recaudación fiscal si no es con la productividad, los ingresos y el consumo?”, se pregunta Prost.

En Liqui Moly han decidido dar incluso prioridad a las inversiones para aportar su grano de arena a las tareas de reconstrucción. En palabras de Ernst Prost, “las inversiones en curso las ejecutamos coherentemente y de acuerdo con nuestros planes. Todo lo demás es contraproducente. El parón de las inversiones daña a otras empresas que también viven de encargos, como todos nosotros. Y como vivimos en un sistema interdependiente, el comportamiento egoísta, como detener las inversiones y realizar despidos, acaba perjudicándonos a todos. Quien acelere ayudará a la economía. Y eso es lo que necesitamos ahora precisamente, y es lo que nosotros estamos haciendo”.