Durante la combustión, el motor genera distintos residuos contaminantes. Se han ideado diversas formas de eliminar los residuos resultantes de los gases de escape, como el empleo de catalizadores, filtros de partículas, la inyección de Adblue o la recirculación de gases. De entre estos residuos, uno de los más complicados de eliminar y que provoca más problemas en los motores es la carbonilla. Aunque todavía no es demasiado frecuente en los talleres generalistas, uno de los métodos empleados para su eliminación es el uso de descarbonizadoras, según explica un artículo de Loctite.

Las descarbonizadoras más populares funcionan con oxihidrógeno (HHO). Mediante este gas se alcanza una alta temperatura de combustión, creando así una pirólisis capaz de eliminar la carbonilla acumulada en el motor. Generalmente, se introduce el oxihidrógeno en el depósito del equipo (en las cantidades que describe el fabricante), se conecta la manguera de hidrógeno a la máquina en su posición correcta y se conecta la descarbonizadora a la corriente.

La manguera de hidrógeno se debe colocar en el conducto de admisión del coche, normalmente situado después del medidor de masa de aire y filtro de aire. Una vez acoplada la manguera y, con el motor arrancado, se procede a conectar la máquina para que empiece a introducir en el motor la mezcla de HHO. Este proceso suele durar entre 90 y 120 minutos, y puede exigir una prueba de conducción posterior a altas revoluciones para terminar de eliminar los restos de HHO que puedan quedar dentro del motor.

Diferentes fabricantes de equipos de descarbonizaciones afirman que a los 20.000 kilómetros ya se han depositado restos de carbonilla en el motor. Por tanto, indican que a partir de ese kilometraje ya es recomendable realizarlas, y establecen un periodo de entre 15.000-20.000 kilómetros para hacer las siguientes limpiezas

Sin embargo, el empleo de este tipo de equipos genera cierta controversia entre conductores y profesionales del sector. Sus detractores afirman que el problema principal de este método es que, durante su combustión, el gas HHO produce vapor de agua, que no tiene ningún tipo de cualidad especial para llevar a cabo esta operación de limpieza. Otros expertos indican que la temperatura que el gas puede llegar a alcanzar en su combustión es de más de 2.500º C, lo que posibilita que se produzca un efecto de autoignición, que generaría daños en el motor.