La falta del aire suficiente en los neumáticos de más de 15,5 millones de turismos que se mueven por las ciudades y carreteras españolas está costando mucho dinero a los automovilistas, al tiempo que aumenta innecesariamente la contaminación. Los cálculos realizados por Grupo Andrés indican que un turismo de tipo medio, que gasta de 6 a 7 litros a los 100 kilómetros y recorre unos 10.000 kilómetros al año, puede derrochar cerca de 50 litros cada 12 meses por llevar los neumáticos con presiones por debajo de lo recomendado por el fabricante del coche.

Ese descuido del nivel de inflado de las cubiertas cuesta, ahora mismo, unos 1.050 millones de euros al año en carburante a los usuarios de esos 15 millones largos de vehículos. El remedio para combatir ese derroche es muy simple: basta con revisar las presiones de inflado cada 2 o 3 semanas.
"El derroche innecesario de carburante es uno de los factores que debe animar a los automovilistas a comprobar el nivel de inflado de los neumáticos de modo sistemático" comenta el director general de Grupo Andrés, Eduardo Salazar. "Menos de 2 minutos en el taller especializado en neumáticos o en la estación de servicio ahorran hasta 50 euros de carburante cada año", añade.
La deformación de la banda de rodadura y de los flancos de un neumático inflado con menos presión de la recomendada por el fabricante del automóvil incrementa su resistencia al avance. La mecánica debe desplegar una energía extra para mover el vehículo, elevando el consumo final hasta un 7%.
Los neumáticos con más kilómetros sobre sus lonas y con presiones más bajas son especialmente derrochadores de carburante, además de ser potencialmente más peligrosos. El envejecimiento de estas cubiertas se acelera al rodar sobre asfaltos recalentados, aumentando su vulnerabilidad a los pinchazos y a los reventones.