Editorial

El carácter español es poco dado a las acciones colectivas, nuestro temperamento es más bien individual, más dado a la improvisación que al trabajo metódico y estructurado. Somos así.

Condicionantes genéticos, culturales o evolutivos aparte, no deja de ser una verdadera pena que esa pobre capacidad para el entendimiento y el trabajo en equipo haya desbaratado el Foro de la Automoción.

Puede que su unión ya fuese frágil de entrada, sin embargo era un buen intento para aglutinar los esfuerzos del sector y de apuntar en una misma dirección.

No obstante, el tema de los baremos aplicados en los talleres ha terminado abriendo aún más la brecha, ya que la intransigencia de una parte (Cetraa y Faconauto) ha topado con el talante más abierto y conciliador de la otra (Conepa y Ganvam) en el contencioso con Centro Zaragoza.
Estaba claro que las diferencias entre los distintos baremos y la utilización de cada aseguradora del que cree más exacto (o más le conviene), traería cola.

Esto, amén de complicar la gestión ya que hay veces en que asusta la extensión del listado de los diferentes precios-hora de algunos talleres, favorece tremendamente el que después de haber accedido a este tipo de negociación, se admitan valoraciones con diferentes baremos dentro de la misma. De este modo se calcula la mano de obra de mecánica y plancha de acuerdo al baremo del constructor y la de pintura según un baremo efectuado por uno u otro centro de investigación de aseguradores, siendo admitido este juego por el taller.

No creemos que la solución pase simplemente por mejorar un baremo que lleva años imponiéndose, debido a que establece unas reglas de juego transparentes para todas las partes (talleres y aseguradoras) sin imposiciones, sin tácticas torticeras alimentadas sobre unos conceptos nada claros de la libertad de mercado.

Si hay libertad de mercado, también existe en las pólizas la libre elección de taller y la libertad no puede limitarse a ofertar servicios que no son pagados (vehículo de sustitución, no abono de franquicia…) buscando principalmente una reducción de su coste pero no rebajando el de la póliza a reparar en X taller.

Además, los talleres han seguido asumiendo mayores despropósitos, como marcar un precio distinto de mano de obra según sea el asegurador.
Creemos que sólo se avista la punta del iceberg, ya que este tipo de situaciones limitará el número de talleres y agudizará la dependencia de éstos hacia determinadas aseguradoras. Cuando esto ocurra, habrán conseguido su dominio económico, sin riesgo y sin tan siquiera ser accionistas.

Es muy necesario que el taller muestre una visión global y de futuro sin dejarse arrastrar por los cantos de sirena de “te llenaré el taller de coches”, porque eso no es “llenar el taller de clientes”, sino simplemente depender cada vez más de unas pocas empresas que además, suponemos por casualidad, pagan prácticamente lo mismo (mismo baremo, precios-hora muy parecidos o iguales).

Desde este editorial nos preguntamos por qué no se crean comités éticos de actuación de peritos u otro tipo de arbitraje que protejan al taller en situaciones extremas.

(Editorial que se publicará en el próximo número de Talleres en Comunicación).