Anualmente, cuando llega esta época del año, realizamos el ritual de intercambiar nuestra ropa y calzado de verano por la de invierno, en preparación de la llegada de una climatología más fría e inestable.

 

Sin embargo, no hacemos lo mismo con nuestro vehículo, sustituyendo los neumáticos de verano por los de invierno, como sucede en muchos otros países europeos, dónde es incluso obligatorio realizar esta sustitución, como es el caso del norte de Italia, Alemania o Andorra.

Sólo lo uso en ciudad”, “Este año no nevará mucho” o “Yo conduzco despacio y controlo” son sólo algunas de las excusas habituales para no equipar neumáticos de invierno.

Pocas personas saben que, con temperaturas inferiores a 7°C, los neumáticos de verano van perdiendo gradualmente agarre en carretera, poniendo en peligro la estabilidad y las prestaciones de frenada. Es por ello que las cubiertas de invierno deberían instalarse en otoño, asegurando una conducción fiable en todo tipo de circunstancias, sin tener que esperar a una climatología adversa para montar cadenas.

Elaborados con componentes específicos, ideales para su uso a bajas temperaturas, los neumáticos invernales tienen un dibujo de banda de rodadura específico que reduce el riesgo de aquaplaning. De ese modo, se optimiza la tracción y la seguridad, incluso sobre nieve, y permite reducir la distancia de frenado: un 10% menos con lluvia y bajas temperaturas, y un 20% menos sobre nieve en comparación con los neumáticos de verano.

Esta tipología de cubiertas puede reconocerse fácilmente por las iniciales M S (mud and snow, “barro y nieve”), acompañadas por el símbolo de una montaña con un copo de nieve, que se encuentran en el flanco.

Además, por debajo de 7ºC, los neumáticos de invierno tienen un comportamiento dinámico muy superior a los de verano, mejorando no sólo la seguridad, sino el rendimiento del vehículo.

Aquí van algunos consejos de Pirelli para mejorar la seguridad en conducción invernal:

1. Conduzca con suavidad. Evite aceleraciones repentinas, golpes de volante o frenazos para minimizar la pérdida de tracción sobre nieve o hielo.

2. Compruebe la presión de los neumáticos con regularidad. Las presiones de inflado deben controlarse regularmente y siempre con los neumáticos fríos. Reajuste las presiones en caso necesario, siempre ateniéndose a las indicaciones del fabricante del vehículo. Tenga en cuenta que la presión varía según la temperatura externa: una presión de 2,0 bares medida a 20°C disminuye a 1,74 bares a -5°C, y a 1,59 bares cuando la temperatura es de -20°C (la diferencia es de un 20%).

3. Compruebe con frecuencia la banda de rodadura. El rendimiento de los neumáticos de invierno es efectivo hasta una profundidad de banda de rodadura de 4 mm. Por debajo de este nivel ya no son adecuados para su uso en invierno, aunque sí pueden usarse como neumáticos de verano, hasta el mínimo legal de banda de rodadura, establecido en 1,6 mm.

4. Rote los neumáticos en la dirección correcta cada 10.000/12.000 km.

5. Instale siempre los cuatro neumáticos de invierno. Para lograr prestaciones y seguridad máximas, es fundamental que los cuatro neumáticos sean idénticos: de la misma marca, con las mismas características de uso, el mismo dibujo de la banda de rodadura e idénticas condiciones de desgaste.

6. El uso de neumáticos con clavos, allí donde esté permitido, debe aplicarse a las cuatro ruedas. Consulte la capacidad de carga del vehículo y el código de velocidad adecuado para los neumáticos que va a utilizar en el manual de instrucciones del vehículo.

7. Controle el límite de velocidad. Respete el límite de velocidad indicado en el flanco del neumático. Opcionalmente, pueden instalarse en el automóvil neumáticos de una categoría inferior a la reglamentaria, debiendo adaptarse la velocidad a tal circunstancia. En tal caso, las normativas europeas estipulan que la reducción de velocidad debe indicarse con un adhesivo situado en el interior del vehículo, en el parabrisas o en el salpicadero, de manera que sea visible para el conductor.

8. Almacene los neumáticos en buenas condiciones. Cuando los neumáticos de invierno no se usen, es preferible guardarlos montados en llantas e inflados, y comprobar regularmente su presión. Si se almacenan sin llantas, deben amontonarse sobre sus flancos, en pilas de cuatro como máximo, de tal manera que el peso no los deforme.