El término TPMS (Tyre Pressure Monitoring System) se escucha a menudo en los boxes de Le Mans, pues el sistema de monitorización de la presión de los neumáticos es una parte fundamental de la tecnología empleada actualmente en competición. Ésta proporciona a los equipos una información valiosísima sobre la presión del aire dentro de cada neumático.

 

Detrás de la válvula del neumático se coloca un sensor que monitoriza la temperatura atmosférica y la presión del neumático. Mientras el coche se desplaza por el amplio trazado de Le Mans, esta información es transmitida a través de ondas de radio a los ingenieros que se encuentran en boxes, advirtiéndoles de cualquier incidencia relacionada con la presión de los neumáticos.

Si el coche pasa por encima de escombros, el neumático puede pincharse sin que el piloto sea capaz de detectarlo, ya que el cambio en la respuesta del neumático se produce de forma muy gradual. El TPMS avisa al equipo, siendo así posible cambiar el neumático pinchado antes de que se desinfle totalmente.

Otra utilidad importante del TPMS se produce al principio de la carrera, tras las paradas en boxes y tras las intervenciones del coche de seguridad, cuando los neumáticos se encuentran por debajo de la temperatura ideal, la presión se reduce y el agarre disminuye.

En el caso que se produzca un aumento de la presión, los equipos pueden avisar al piloto, lo que a su vez indica que los neumáticos están en condiciones de proporcionar el agarre necesario para que los conductores pisen a fondo y vayan más rápido.

El TPMS no es nuevo, pero la tecnología, tras solucionar algunos problemas con la batería y los ciclos de calor (debidos al frenado), ha evolucionado hasta aumentar significativamente la calidad y la precisión de los datos.

Gracias a este perfeccionamiento, los ingenieros de Dunlop siguen midiendo la presión y la temperatura de los neumáticos durante las paradas y, además, los valores más precisos de los manómetros sirven para verificar los datos del TPMS.

Dunlop recomienda que se fije un objetivo de presión específico para cada chasis individual y cada equipo cuenta con la colaboración de un ingeniero de la firma para establecer la configuración, que permitirá al neumático mantenerse lo más cerca posible de las presiones óptimas a lo largo de toda la carrera.