El empresario Jens Sorensen tuvo que cerrar las puertas de su concesionario en 1981 debido a una fuerte quiebra. Lo hizo después que el fabricante Fiat le obligase a elegir entre vender únicamente turismos o, por el contrario, también vehículos pesados. Sorensen se decantó por la segunda opción y, como consecuencia, el concesionario se fue a pique.

 

La clausura se produjo cuando aún quedaban más de 200 turismos Fiat, comprados entre 1973 y 1981, en su interior. Nadie se molestó en venderlos o sacarlos, quedando su existencia en el olvido y el desconocimiento de todos los daneses de la ciudad de Kolding.

Hace unos años, un heredero del propio Jens descubrió este improvisado museo de turismos. Sin desaprovechar la oportunidad, organizó una subasta en la que se vendió gran parte de este catálogo. Los compradores se pudieron hacer con alguna de estas joyas sobre ruedas. En cuanto a los precios, los pujantes adquieron modelos como el Lancia Beta por apenas 6.500 euros.