Hace 60 años que se fundó el especialista en aditivos Liqui Moly, mientras que la plata petrolífera Méguin celebra en 2017 su 170º Aniversario. Durante décadas existió una relación muy estrecha entre ambas empresas: Méguin producía en calidad de proveedor aquellos lubricantes, mayoritariamente aceite de motor, que Liqui Moly vendía luego en todo el mundo.

En 2006, ambas empresas decidieron unir fuerzas y Liqui Moly se hizo cargo de Méguin, aunque manteniendo los nombres de ambas marcas. La fusión se convirtió en una decisión a largo plazo y con consecuencias positivas: entre 2009 y 2016 la cifra de ventas aumentó más del doble, es decir, desde 233 millones de euros hasta 489 millones.

“Lo bien preparada que puede estar una empresa depende, como en las personas, de los cambios que afecten a su vida y de la actitud personal. Quien cuida la mente y el cuerpo, tiene más posibilidades de tener una larga vida que quien se dedique a quemar la vela por los dos extremos”, Así lo describe Ernst Prost, director gerente y propietario de ambas empresas, para quien es importante estar en forma, atento y abierto a los cambios para poder adaptarse rápidamente a los nuevos tiempos.

Liqui Moly y Méguin, que cuentan con casi 800 personas, apuestan decididamente por el trato directo con el cliente y amplían constantemente los equipos de venta tanto en Alemania, su mercado doméstico, como en otros países. Además, ambas empresas ofrecen un teléfono gratuito de atención al cliente, atendido por expertos profesionales, para resolver cuestiones técnicas relacionadas con los productos, tanto en Ulm como en Saarlouis.

Por su parte, las inversiones en conocimiento son una cuestión relevante para este grupo de empresas y son la clara expresión de su vocación de futuro. “Descubrir nuevos productos requiere una investigación de gran intensidad y, a su vez, una tecnología vanguardista en los laboratorios y en la producción”, en palabras del gerente. Por esta razón, se ha duplicado la capacidad de los laboratorios en los últimos años, se ha construido un almacén de depósitos en las instalaciones portuarias y también se ha aumentado la capacidad de almacenamiento de la fábrica de aceites. La nueva disposición de la matriz y la tecnología robótica han supuesto un salto cuántico en la producción.

“Las raíces de ambas empresas están en Alemania. Para nosotros, el 'Made in Germany' tiene un valor especial”, destaca Ernst Prost. El grupo empresarial se aferra a este principio de igual manera que a valores fundamentales, entre ellos, el respeto, la previsibilidad o la gratitud. “Estos valores, que son más antiguos que nuestras empresas, no son, en absoluto, papel mojado para nosotros, pero nos damos cuenta de que hoy en día somos por ello pájaros exóticos, en el sentido positivo de la expresión, se entiende”.

El mundo cambia a un ritmo veloz y, con ello, el gusto y las necesidades de los clientes, especialmente de las generaciones más jóvenes, es decir, los futuros clientes. En estos momentos, la compañía desarrolla un aditivo para híbridos. Según Ernst Prost, “reconocer los tiempos en los que se vive y sacar las conclusiones correctas. Esta es la clave para que el futuro de los negocios y la existencia de Liqui Moly y Méguin estén garantizados”.