Daimler, Renault-Nissan y Ford colaborarán en el desarrollo de la pila de combustible; BMW y Toyota también han llegado a un acuerdo para compartir tecnología de hidrógeno. Y la pasada semana se anunciaban 1,6 millones de coches de hidrógeno en Reino Unido para 2030. ¿Significa esto que los constructores han abandonado el desarrollo de baterías para apostarlo todo por el hidrógeno?

Desde hace décadas, el hidrógeno viene siendo la tierra prometida de la energía. Su importancia consiste en que almacenar y transportar energía es extremadamente difícil, y el hidrógeno es una de las pocas formas de hacerlo dentro de un coche que no necesariamente consume combustibles fósiles. Eso sí, la tecnología que la hace posible es, a día de hoy, muy cara.
Mientras, el coche eléctrico sirve para comprobar lo difícil que resulta introducir un nuevo paradigma energético cuando todavía no es competitivo al 100% frente a los coches convencionales; las ventas de coches eléctricos a baterías se están quedando bastante por debajo de las expectativas. Con todo, el estado actual de la tecnología en baterías está bastante más cerca de tener pleno sentido que cualquier coche con pila de combustible.
Así, la razón principal de estas alianzas entre marcas es que nadie quiere quedarse fuera -por si acaso-, nadie puede hacerlo solo -grandes dificultades y costes astronómicos- y nadie quiere estrellarse solo -si todo va mal-.
El coche eléctrico a baterías no ha muerto. Pero si varios fabricantes a la vez llegan algún día a construir una pila de combustible a un coste razonable y lanzan simultáneamente la tecnología al mercado (con distintos envoltorios y anagramas en el capó), al menos tendrían una oportunidad de éxito basado en su número.

Fuente | Tecmovia