Además de fuertes cargas físicas, los discos de freno son sometidos a las inclemencias del tiempo, la suciedad, el agua y la sal, factores que, según informa Territoriohella.es en un artículo, influyen en su producción y que hacen que se fabriquen diferentes modelos, básicamente dos: discos de freno macizos y ventilados.

Por un lado, un disco de freno macizo está formado por una sola pieza y sólo tiene una superficie de fricción. Debido a que disipan el calor lentamente, suelen montarse en vehículos pequeños, mientras que en vehículos con motores pesados o muy potentes se emplean especialmente en el eje trasero, ya que sufren una menor carga durante la acción de frenar. En algunos casos, sustituyen a los discos de tambor por su mayor capacidad de dosificar la potencia.

Por su parte, los discos ventilados ofrecen, gracias a su mayor masa interior, una mayor capacidad para almacenar calor y lo disipan más rápidamente por medio de unos canales radiales que dejan pasar el aire. Estos canales radiales se sitúan entre las dos superficies de fricción.

Suelen montarse en el eje delantero, ya que, por medio de la distribución dinámica de la carga en los ejes, recae una mayor fuerza de frenado sobre dicho eje delantero, de modo que puede garantizarse una elevada potencia de frenado incluso en condiciones extremas. Dependiendo del tipo de vehículo, aplicación o motor pueden montarse discos de freno ventilados tanto en el eje delantero como en el trasero.

Además, estos dos tipos de freno pueden ir provistos de hendiduras o ranuras, o pueden llevar orificios perforados, explican desde Territorio Hella. El desgaste de los frenos, el agua y la suciedad se acumulan en las hendiduras o ranuras, y se expulsan hacia afuera mediante el propio movimiento giratorio. Los orificios axiales aumentan la acción de disipar el calor, aunque no pueden autolimpiarse, ya que el desgaste de los frenos se acumula en los orificios.