Meyle cuenta en el mercado con alrededor de 130 bujías de incandescencia Meyle-Original, fabricadas en su totalidad con arreglo a las especificaciones de los fabricantes de primeros equipos, que establece para los vehículos diésel de toda Europa una cobertura de alrededor del 90%. El fabricante también ofrece alrededor de 60 kits de unidades de control del tiempo de precalentamiento en calidad Meyle-Original que contienen, además de la unidad de control, las correspondientes bujías de incandescencia.

Las bujías de incandescencia sobresalen en el cilindro del motor diésel y se calientan a temperaturas de hasta 1.000° C, temperatura que es necesaria para permitir el arranque en frío de un motor diésel también en invierno a muy bajas temperaturas de hasta -40° C. Para prevenir defectos y desgaste, las bujías de incandescencia Meyle-Original se fabrican conforme a las especificaciones de los fabricantes de primeros equipos, incluyendo el uso de metal resistente al calor y la tecnología de doble espiral de calefacción.

Además, el interior de la bujía es antihigroscópico, es decir no atrae la humedad, gracias a una junta de goma especial, evitando corrosión en el interior. Gracias al uso de materiales de alta calidad y de componentes adaptados de forma óptima, las bujías Meyle-Original mantienen la temperatura predeterminada de postincandescencia. De este modo, se reducen las emisiones de los gases de escape y se protege el medio ambiente.

Meyle recomienda que las bujías de incandescencia se reemplacen cada 80.000 a 100.000 kilómetros para evitar un fallo condicionado por el desgaste. El fallo puede tener varias razones, como desgaste, montaje incorrecto, una unidad de control defectuosa o defectos de fabricación. Como consecuencia, las bujías se deforman, se rompen o incluso revientan; en tal caso, pueden conducir a daños secundarios caros. Por ejemplo, si las bujías no se pueden desmontar o, en el peor de los casos, si partes de la bujía entran en el cilindro y producen daños en éste.