El descenso de las temperaturas tiene una incidencia directa en el comportamiento de los neumáticos, especialmente en aquellos que son estacionados en exterior durante largas horas. Los neumáticos están compuestos de caucho, un material al que le afecta la temperatura a la que se le somete. En el momento en el que el termómetro cae por debajo de los 10º C, la elasticidad de la goma se reduce, lo cual afecta a la integridad física de los neumáticos, acelerando el ritmo de su deterioro, reduciendo su flexibilidad, limitando su amortiguación y su capacidad de adherencia.

Por otro lado, cuanto más baja sea la temperatura, más presión perderá el neumático. De hecho, por cada 5º C de reducción de la temperatura, la presión de las ruedas caerá 0,07 bares. Esto significa que si el aire se enfría, su temperatura disminuye y la presión también se reduce. Circular con neumáticos desinflados aumenta la distancia de frenado. También el agarre en las curvas ya no es el adecuado, mientras la resistencia a la rodadura aumenta en 1/10 y el consumo de combustible, en un 2%.

Entre las principales funciones del neumático se incluyen soportar la carga del coche, transmitir la tracción y las fuerzas de frenado a la superficie del camino, absorber los impactos del trayecto y cambiar y mantener la dirección de desplazamiento. Para garantizar que estas funciones se cumplen, Confortauto Hankook Masters da ocho pautas para el perfecto mantenimiento y estado de los neumáticos durante el invierno:

1. Revisión exhaustiva. La bajada de las temperaturas, la lluvia y la nieve empeorarán las condiciones de la calzada, por lo que conviene tomar precauciones. Un buen comienzo puede ser asegurarse de que los neumáticos del coche están en buen estado, sometiéndolos a revisión.

2. Comprobar la presión una vez al mes. La presión de los neumáticos no debe ser ni muy elevada, pues se acorta la vida útil del neumático, ni muy baja, porque se sobrecalientan, consumen más carburante y se desgastan antes. Lo recomendable es aplicar la presión que indica el fabricante, aunque sí que es aconsejable que en invierno sea algo más alta debido a que las bajas temperaturas deshinchan los neumáticos con más facilidad.

3. Controlar la profundidad del dibujo. Si lo habitual es que la profundidad del dibujo de la banda de los neumáticos sea superior a 1,6 milímetros para garantizar la adherencia -medida en la que el cambio es recomendable-, en invierno debe aumentarse a 3 mm para mejorar la distancia de frenado y la capacidad de la cubierta para drenar el agua cuando se rueda sobre firme mojado.

4. Verificar el equilibrado. Solo se acude al taller cuando las vibraciones se hacen molestas, pero dichas vibraciones son porque el neumático no está trabajando como debe y, por tanto, en caso de agua o suciedad en la calzada, podremos tener problemas y sufrir un accidente.

5. Examinar si hay daños en la goma. No es extraño encontrarse neumáticos con bultos en sus laterales fruto de un golpe contra el bordillo, o pequeños cortes y roces, así como grietas causadas por el paso del tiempo y el uso. Todo esto supone tener que pasar por el taller y cambiar no solo esa rueda, sino su pareja del mismo eje ya que se corre el peligro de sufrir un reventón en plena marcha.

6. Comprobar la alineación. Los neumáticos desalineados son el resultado de piezas de suspensión desgastadas o dañadas. No es algo que se aprecie a simple vista a no ser que sea bastante excesivo. Sin embargo, una de las señales que de puede percibir es el desgaste desigual en los neumáticos. Unos neumáticos mal alineados impiden un correcto agarre al firme, por lo que su funcionamiento será deficiente. De ahí la importancia de que las cuatro ruedas estén siempre en consonancia.

7. Vigilar las válvulas y los tapones de los neumáticos. Las válvulas son las responsables de mantener la hermeticidad de los neumáticos al contener la presión de aire en la unión del neumático con la llanta, por tanto, son un componente fundamental. Estos pequeños elementos sufren un esfuerzo muy severo durante su vida. Ante la duda de mala estanquidad de la válvula, ésta se debe cambiar completamente. Es mejor y más barato cambiar una válvula que un neumático que se queda sin presión por culpa de ésta. Y no hay que olvidarse del tapón de la válvula, ya que la protege del polvo y la suciedad, ayudando a prolongar la vida útil del neumático.

8. Conducir con suavidad. Por lo general nunca conviene realizar aceleraciones repentinas, golpes de volante o frenazos, pero esto tiene más razón de ser cuando nos enfrentamos a un asfalto condicionado por el frío, la lluvia o la nieve. Evitar esto no sólo ayudará a conducir más seguros, sino que también se protegerá la banda de rodadura, algo decisivo para minimizar la pérdida de tracción sobre agua, hielo o nieve.